Portal Cultural de Camagüey

miércoles, diciembre 01, 2021

Yicel Acosta: cantar me apasiona

Nació en un hogar musical con un registro de mezzosoprano. El abuelo Blas González tocaba percusión y hacía la segunda voz del cuarteto Voces del momento. Su padre, el guitarrista Rogelio Acosta dirigió el grupo Girón. La madre, Carmen María estuvo en el Coro Profesional de Camagüey. La hermana, Yelene se enfocó desde niña al canto. Todo hubiera sido más fácil, pero Yicel Acosta González eligió luchar a su manera. Lleva 20 años de resistencia porque su carrera ha tenido demasiados obstáculos.

Cuarteto Voces del momento, conocido en los años ´50 del pasado siglo. Uno de los fundadores fue Blas González, abuelo de Yicel Acosta.

Cuarteto Voces del momento, conocido en los años ´50 del pasado siglo. Uno de los fundadores fue Blas González, abuelo de Yicel Acosta.

“Empecé con el Ave María en la iglesia de la Soledad y desde entonces no he parado. Además, mi hermana estudiaba en la Escuela Vocacional de Arte (EVA) Luis Casas Romero. Tocaba piano, se aprendía un montón de canciones y todas las tardes me ponía con ella, se sumaban mi abuela Ana María y mi mamá”.

─Si tanto te gustaba, ¿por qué fuiste a parar a un tecnológico?

─Por locuras de juventud. Estudiaba canto en la EVA y me dio por dejarlo. Terminé noveno grado en la calle y matriculé en el Instituto Politécnico Industrial Manuel Cañete Ramos para formarme como técnico medio en Metrología. Tampoco terminé porque supe de una audición. Fue mi puerta de entrada como profesional de la música.

─Llevas 20 años de carrera y se sabe poco de ti, ¿a qué atribuyes ese silencio?

─A mi carácter, quizás. Todos los artistas no somos extravertidos. También sé que ha influido mi peso. Una vez en el Cabaré Caribe interpretaba un tema de la británica Adele, y una mujer dijo: “¿Y esa gorda qué se piensa? Adele es famosa, pero ella no”. No me interesa ser una diva. Quiero crecer como cantante, que el público conozca y valore mi trabajo.

─El mercado presiona al mostrar la apariencia y no el talento, ¿por cuáles otros ratos amargos pasas?

─A lo mejor me he cogido más lucha de la cuenta. Subo al escenario para ofrecer mi voz no mi cuerpo; sin embargo, hay un prejuicio evidente cuando pasan muchos eventos y no me llaman a participar en uno. El sentido de ser artista para mí es compartir sentimiento, entregar el alma.

─En clave de música, ¿lo que dices equivale a algún género específico?

─Quisiera abarcar todos los géneros. La música es tan rica. Tengo predilección por los temas en inglés, claro, me encantan las raíces de mi cubanía. Esta cuarentena me ha servido para montar canciones. Empecé con videítos caseros. Luego grabé un pequeño concierto de música cubana llevada al jazz, con la productora audiovisual independiente Fango Records y con Alma Records 7 Music cuyo productor es Dawlyn Aldana. Estamos en los toques finales para las redes. Además hice con él un disco de covers con 10 temas que me identifican.

─Los músicos de los catálogos comerciales han sido los más afectados durante la pandemia. ¿Cómo ha sido para ti?

─Difícil. Gracias a Dios y a quienes hicieron posible la ayuda, he recibido un amparo económico. Como tengo dos niñas no puedo ni buscar otro trabajo. He podido aprovechar la cuarentena para renovar el repertorio, aprender a coser, pintar y descubrir secretos de maquillaje. Uno tiene que ocupar la mente y mantenerse activo.

─Para las madres este tiempo ha elevado los porcientos de atención. Cuéntame de las teleclases y tú.

─La niña pequeña tiene dos años. La mayor estudia música, está en quinto grado. Acababa de entrar a la escuela cuando llegó la pandemia. Da apreciación, solfeo y piano. Nos enfrascamos en la especialidad, pero no podemos dejar la escolaridad de la mano. En ese caso, asumo Español e Historia, y el papá Matemática. Los profesores se preocupan mucho, y para mi alegría, la música está en sus genes.

─¿Son ellas la razón de tu regreso a Camagüey?

─ La primera vez que salí de Camagüey, fui para Varadero, durante cuatro años. Anduve saltando de un grupo a otro. Permanecí más tiempo con Creación, en el Hotel Princesa del mar. Luego vine, continué trabajando hasta hace como tres años que trabajé seis meses en Cayo Guillermo con el grupo Sandunga. Salí embarazada, con alto riesgo y regresé.

─No es bien mirado ese trabajo. He estado en reuniones donde se afirma que en los polos turísticos no se ofrece lo mejor de nuestra cultura.

─No estoy de acuerdo con eso. En los cayos el repertorio es variado, se incursiona en casi todos los géneros y aquel público también es exigente. No se imaginan las horas de ensayo para espectáculos de hora y media. Debemos amenizar en los restaurantes. Además se hace un preshow. Si estás sola en ese momento, como me pasó, cantas hasta cinco canciones, y después al show. Los artistas de allá tienen un mérito, son personas con dignidad; habrá sus excepciones, como también te las topas aquí.

El grupo Girón surgió en el panorama musical cubano de la década del ´70. Uno de sus directores fue Rogelio Acosta, padre de Yicel.

El grupo Girón surgió en el panorama musical cubano de la década del ´70. Uno de sus directores fue Rogelio Acosta, padre de Yicel.

─¿Aguantó siempre tu voz?

─ Allá te expones a cantar frente al mar. En Varadero no tuve problemas. Era jovencita y la voz estaba acabada de sacar del nailon. En Cayo Guillermo, por las tardes se hacía algo muy bonito al lado de la playa. Eso me provocó tremenda alergia que paró en faringitis.

─En la ciudad de Camagüey tampoco tu público ha sido el de un teatro…

─Son experiencias diferentes. Los cabarés son los lugares donde más me presento. Tengo espacios fijos en el Complejo Alkázar, en el Casablanca, en el centro Fotograma y cuando apareció la COVID-19 comenzaba en la Casa de la Trova. En los hoteles tuve que hacer rumba, afro… algo complejo para mí que soy una baladista. Aquí puedo cantar salsa, merengue, timba. El público es diferente en cada lugar. De todos tomo las mejores energías y agradezco la oportunidad de expresarme, porque cantar me apasiona.

Por Yanetsy León González/ Adelante

Foto: Cortesía de la entrevistada