Portal Cultural de Camagüey

lunes, julio 15, 2024

Veinte años A Piacere

La sala de conciertos José Marín Varona tiene en el dúo A Piacere uno de los más refinados y apasionantes proyectos que, durante veinte años, ha sacado los colores a la inusual combinación del piano y el contrabajo.

Por la presentación del cumpleaños confirmamos la calidad de la interpretación de un discurso musical donde confluyen el talento y la preparación con la empatía de ambos, la complicidad para conmover y deleitar a los demás.

La pianista Lourdes Cepero fundó el dúo con Ariel Negrín, el 17 de noviembre de 2003. En los últimos años comparte con el proyecto con el contrabajista Eduardo Campos, actual director de la Orquesta Sinfónica de Camagüey.

Recientemente el dúo A Piacere ofreció un hermoso concierto de cumpleaños. Allí estrenaron una versión sobre la fantasía concertante del ruso Igor Frolov para violín y piano a la ópera Porgy and Bess del estadounidense George Gershwin. Hoy Adelante Digital conversa con su fundadora.

“Han sido veinte años de mucho trabajo y mucho placer. El placer de la música es algo inenarrable. Sí, claro, hay que estudiar, buscar música nueva para renovar el repertorio; conciliar los ensayos porque quedamos pocos músicos en Camagüey, tenemos muchas actividades diferentes: en la enseñanza, Eduardo en la orquesta… pero siempre lo logramos. Me siento bendecida por poder hacer durante tanto tiempo algo tan hermoso”, cuenta Lourdes.

─De la idea inicial al proyecto actual, ¿cuál ha sido la cosecha?

─Hemos ido a muchos festivales. Se hizo un disco cuando el décimo aniversario, que estuvo nominado al Cubadisco. Tenemos pendiente otro. He hecho varios arreglos de músicos camagüeyanos para poderlos tocar con el dúo porque realmente muy pocos compositores cubanos han escrito para el contrabajo como solista o como contracanto del piano en la música de cámara. Entonces he hecho arreglos de obras de Marín Varona y así también lo hemos dado a conocer porque estaba prácticamente olvidado; también de Jorge González Allué y del flautista Pedro Dalmau, sobre todos dos danzones que nos encantan.

─¿Cómo se conforma el repertorio de A Piacere?

─Lo primero es que nos guste la música. Tratamos de buscar música original para el formato, que nos es abundante pero existe. Después hay música que no es original para el formato pero nos gusta y hacemos arreglos, transcripciones para poderlas interpretar. Tenemos mucha música del siglo XIX. Me fascina la música del siglo XIX, el estilo romántico es mi favorito; también tenemos desde el Barroco, del Clasicismo y del siglo XX. Tenemos dos piezas escritas para el dúo, en los primeros 10 años, estrenadas en los Festivales de Música Contemporánea de La Habana. El espectro es grande.

─Disponer de un piano en Camagüey es un problema, ¿cómo lo resuelve? ─ En casa tengo un piano ruso de estudio. Tuve uno americano viejo y lo vendí para comprar este, porque el sonido es más dulce, más lindo y en aquel momento era un piano nuevo. Pero para responder a la pregunta, Camagüey es una plaza terrible para los pianistas.

“Estamos cansadas de hablar de eso Amalia Marín, Yaquelín Láncara y yo en las reuniones de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), en todas partes. En la Sala Marín Varona, gracias a Adalberto Álvarez tenemos este piano eléctrico que resuelve, pero no es un piano de concierto. Queda el piano de la Biblioteca Provincial e insistimos en que se conserve, que se le de mantenimiento, pero es súper problemático porque siempre nos dicen que no hay presupuesto. La enseñanza artística tiene los mejores pianos pero no hay un piano de concierto en Camagüey”.

─Entonces cuando tocan, lo hacen desde un estado de infelicidad, para no hablar de frustración, ¿tocar así no es traicionarse a sí mismos?

─Quisiéramos disponer alguna vez de un buen piano de concierto, mientras tanto seguiremos tocando aquí en la escuela, en el piano eléctrico, lo que sí siempre vamos a tocar. Hay que sobreponerse a los inconvenientes. Prefiero no lograr ese sonido maravilloso que pudiera ser, pero lograr algo, llegar al público y complacernos; complaciéndonos también complacemos.

─¿De qué depende hoy la disposición del público?

─Sí hay un público, lo que pasa que no es el público de la música popular. ¿Qué sucede? Estamos viviendo momentos muy difíciles. Las personas llegan a la casa y están obnubiladas por los problemas de la corriente, de la comida, de las medicinas. Les cuesta salir de casa, después de una jornada tenebrosa contra los elementos, pero sí creo que sigue habiendo un público para nuestra música. No se trata solo de que la gente esté educada en escuchar música clásica sino que las personas se dispongan a escuchar. La música es un refugio contra todas las miserias de la vida, por lo menos es lo que es para mí y aspiro a que lo sea para los demás. Si las personas se disponen a escuchar, la misma música los va a alejar de todas esas miserias y dificultades cotidianas.

Por Yanetsy León González/ Adelante

Foto: Cortesía de la entrevistada