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martes, abril 16, 2024

Rudy Mora y la dirección de actores

El director y guionista cubano Rudy Mora conoce El Almacén de la Imagen. En los inicios de su carrera aplicó con obras a esta muestra audiovisual hecha en Camagüey desde 1991. Ahora participa como jurado y ha dedicado un taller a la dirección de actores.

“El actor se expresa por mí, se mueve por mí. Concédanle mucho valor al actor en el espacio en que está porque eso es lo que habla por el director y lo que la gente recuerda”, recomendó en la sala Nuevo Mundo.

Inició el taller interesado por los modos en que los interlocutores, en su mayoría principiantes, organizan el proceso y resuelven situaciones a través de las dinámicas de producción. En la muestra del concurso detectó “problemas de actuación, poca organicidad, tonos encaramados y poca fuerza en la mirada”.

Rudy Mora relaciona la problemática de formación con la sobreactuación o no ubicación en el medio: “La base material del actor cubano es el teatro porque casi no hay producción en el cine. Había una tradición histórica de grandes actores como Enrique Santiesteban y María de los Ángeles Santana”.

La gran diferencia entre el teatro y los medios está en la microexpresión, en cómo se dice con los recursos mínimos. Por eso, a la hora del casting hace “el ejercicio de los cinco papelitos”. Cada uno tiene una palabra. Puede ser tristeza, angustia, sufrimiento… El actor elige y representa. Si él como director adivina de qué se trata, ratifica su capacidad para transmitir el sentimiento.

“La última generación más explosiva de actores cubanos fue la de Isabel Santos, Beatriz Valdés, Luis Alberto García, Rolando Brito. Sus profesores fueron rusos. Después fueron saliendo los formados con actores con vicios. Llorar es una de las técnicas más fáciles de conseguir, el camino que casi todos toman”.

Rudy Mora insistió en saber los posibles trucos, “el farfullar, ese vicio maligno de los actores para robar minutos en la escena y que viene de la radio y atenta contra el ritmo interno, lo hace denso y no camina la escena”.

Eso no debe confundirse con los gestos típicos debido a la cualidad de los actores, como el caso del movimiento de la boca de Robert de Niro; ni con las licencias y la confianza que inspiran artistas de gran trayectoria:

“A Isabel Santos no le gusta ensayar. Para la serie Conciencia (2018) nunca ensayé con ella”. Interpretó la doctora enferma de ataxia y fue de las más elogiadas por los televidentes.

“La puesta en escena y la realización tienen que estar en función del actor”, y vinculó escenas no creíbles con movimientos vacíos y posiciones incómodas por la ubicación de las cámaras, cuando se asume la puesta en escena realista como el calco de lo real sin los códigos del medio para resolverlo.

Recordó las clases de Humberto Solás al contar una vivencia para la película de Manuela. Rudy Mora aplicó la lección para la serie Doble Juego (2002) Habló con Broselianda Hernández y aparte con Mónica Alonso. Trabajó por separado las emociones de los personajes y quedó un plano secuencia inolvidable del conflicto de madre e hija.

Para evitar los clichés aconsejó mirar la vida cotidiana: “Hay que ofrecer al actor puntos de partida de biotipos de personas, por eso el director tiene que ser muy observador. Los seres humanos, complejos al fin, son una fuente para personajes interesantes”.

“¿Cómo lograr que un actor sea orgánico? El diálogo debe impulsar a que entienda la situación y no se apoye en otras cosas. Ante la relación punto objetivo de la escena y ángulo de la cámara, que la concentración esté en el acto de lo que va a hacer”, y eviten que se vea en las tomas durante el rodaje.

Ante la pregunta de cómo lograr un buen trabajo con personas que no son actores, reflexionó: “No le digas que está actuando. Trata de desnaturalizar la actuación, porque hay una reacción ante el lente. Delante de la cámara la persona adopta una postura, como delante de un espejo. Hay que quitarle todo el peso de la responsabilidad de un actor. Es buscar la esencia de la naturalidad de la persona”.

Rudy Mora pertenece a una generación de ruptura, a la generación de jóvenes realizadores que empezó a contar con maneras diferentes a las del cine y la televisión tradicionales. Asumió el video. Transgredió con el videoclip. Con las series busca una visualidad actual para el espectador cubano.

“La tecnología permite un mejoramiento, pero no cambia el lenguaje. El cine es un concepto. Casi todos queremos hacer cine, pero, por lo general, la fuente de trabajo en el mundo es la televisión”, entonces mencionó el salto en televisión a las series montadas con el estándar cinematográfico.

En cuanto a la pequeña pantalla, identificó la telenovela como el género por excelencia. Aunque dijo no consumirlas reconoció que en Cuba es difícil permanecer ajenos por la influencia social: “Las historias se parecen mucho en cuanto a los temas y formatos; y los actores se trasladan de un espacio a otro casi tal cual”.

Egresado de la primera graduación de la Facultad de Arte de los Medios de la Comunicación Audiovisual del Instituto Superior Arte, en 1993, ha desempeñado además una labor como docente. En su filmografía cuenta dos largometrajes y cientos de videoclips. La serie reciente fue Primer Grado (2022) enfocada a las redes sociales y sus consecuencia como el ciberacoso.

Rudy Mora concluyó con una exhortación a dedicar el tiempo necesario al actor: “Las herramientas que les di a mí me han funcionado. Vamos a buscar caminos diferentes. Hay talento, inteligencia y capacidad”.

Por Yanetsy León González/Adelante

Foto: SC Producciones