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miércoles, junio 19, 2024

Cuba casual en Lee Bracegirdle

La relación musical del australiano Lee Bracegirdle con Cuba está marcada por las casualidades. ¿Por qué toca al camagüeyano Henry Hernández estrenar su obra Tríptico, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Camagüey el próximo 11 de noviembre en el Teatro Avellaneda?

El reconocido cornista, director y compositor hizo la obra por encargo de una coterránea. Estaba lista para ponerla a consideración del público en Sídney en 2020, sin embargo, algo inesperado cambió los planes.

“Cristina Leonard es una saxofonista excelente de saxofón clásico, no toca jazz. Escuchó obras mías por la Sinfónica de Sídney y me pidió que escribiera algo para saxofón y orquesta. Empecé sobre ideas como en el 2015 o 2016. Íbamos a estrenar en 2020, pero por la pandemia de COVID-19 tuvimos que cancelar los conciertos. Las orquestas cerraron por un año”, cuenta a Adelante Digital.

De todas formas, Cuba estaba en el programa de Lee Bracegirdle: “Yo tenía planes de tocar la segunda función aquí, después de estrenarla en Australia. Por culpa de la pandemia será al revés. Estrena nuestro amigo Henry Hernández, un saxofonista excelente. Es una casualidad de la historia del mundo. Ya le conté a Cristina que por su ‘mala suerte’ un cubano va a tocar el estreno”.

En marzo pasado viajó a Camagüey, invitado por Lídice Cruzata, entonces directora de la Sinfónica de esta ciudad. Quedó motivado por el resultado de aquella presentación que incluyó una pieza con el pianista mexicano Martin Camacho. El señor estaba convencido de confiar Tríptico, pero volver desde tan lejos y en tan poco tiempo no sería fácil, por eso solicitó apoyo institucional.

“Quiero agradecer al Consejo de las Artes del gobierno de Australia porque cuesta mucho venir hasta Cuba. Apliqué a un otorgamiento para el estreno mundial de mi obra aquí y en Santa Clara. Estoy muy agradecido por su ayuda a este proyecto. Por esta razón voy a filmar el concierto también para mostrarles”, insiste.

─En marzo trajo Romeo y Julieta del ruso S. Prokofiev. Ahora ensaya Romeo y Julieta, de Chaikovski, ¿por qué?

─Eso también es una casualidad. Íbamos a tocar otra obra de Serguéi Rajmáninov, porque estamos en su año por los 150 del natalicio. La haríamos con Camacho, pero no hay un piano de cola de concierto a nuestra disposición para el Teatro Avellaneda. Tuve que cambiar el programa. De repente escogí este Romeo y Julieta. Queda en la memoria la de Prokofiev. Entonces pregunté al director actual, Eduardo Campos, por si ya lo habían hecho, para repetir demasiado y dijo que no, entonces lo programé.

─Aun regresa en cuestión de pocos meses, encuentra una orquesta diferente, ¿cómo enfrenta eso?

─Algunos músicos han cambiado. Algunos se han ido, sí. Ha sido un tiempo un poco difícil, pero he negociado entre el director con otros músicos que no tocan con la orquesta normalmente. También pedí prestados unos instrumentos que no tienen ustedes, por ejemplo, un corno inglés. Viene un instrumentista de La Habana. Nos falta un contrafagot para mi obra, aunque podemos tocar si este, es muy difícil conseguir un contrafagotista. Además nos falta trompetista. Buscamos fuera de la orquesta y estudiante para las otras posiciones.

─A pesar de esas carencias, ¿pudiera quedar bien el concierto?

─Sí. El público va a tener, como dicen los mexicanos, un concierto chingón. Será un concierto de mucho cambio y, sobre todo, con pasión. Encontrará el chiste en Las Avispas de Vaughan Williams; complicadas tonalidades en mi obra y el romance de Rajmáninov en Vocalise. Probablemente tengamos otra sorpresa con Henry.

Lee Bracegirdle dedica a este diálogo el tiempo de receso. Casi debe retomar el ensayo en la sede de la Orquesta Sinfónica en el callejón de Finlay, pero aún puede precisar la anécdota detrás del título de su obra.

“No tenía nombre para la obra. Visitaba un museo en Nueva York y delante de un tríptico me di cuenta que era la misma forma de mi composición, en el sentido de una introducción breve, una parte en el medio con mucho desarrollo y un final corto. Así la titulé: Tríptico”, recuerda.

La musicóloga Heidy Cepero Recoder ha estado atenta a la conversación e interrumpe para una pregunta desde el punto de vista compositivo. Lee Bracegirdle responde que le resulta difícil describir su estilo: “Es moderno pero no es aleatoria, o sea, cada nota está escrita”.

Otros músicos y especialistas encuentran referencias a los estilos del austríaco Alban Berg y al polaco Witold Lutosławski, ambos del siglo XX, quienes fueron muy modernos para su época. Con las tonalidades para el saxofón y Henry remitirá al jazz moderno, pero será contemporáneo: “El público lo va a disfrutar si tiene una mentalidad abierta para cosas nuevas”.

─ Ahora Camagüey lo recibe en temporada de aguaceros y apagones, ¿por qué vuelve?

─ Ahora es primavera para mí. Vuelvo a Camagüey porque me invitan. Me invitó la ex directora Lídice Cruzata a regresar con este proyecto del Tríptico. Lo tuve organizado hace más de un año. Originalmente iba a venir en 2022, pero ustedes tuvieron unos problemas grandes de apagones.

Luego, cuenta las horas del trayecto: “Yo vuelo con Air Canadá, para no tener que bajar en Estados Unidos porque además tengo pasaporte americano. Hay problemas si aterrizo en Estados Unidos para después venir a Cuba. Trato de evitarlo con mi pasaporte australiano aunque el viaje sea más largo”.

─¿Cuántas horas demoró de Sídney a Camagüey?

─Antes Air Canadá tenía vuelos directos de Toronto a La Habana pero se cancelaron desde la pandemia. Entonces, son 14 horas de Sídney a Vancouver. Ahí esperé 10 horas un vuelo a Ciudad de México. Pasé la noche, unas 8 o 9 horas hasta la mañana para el vuelo a La Habana de tres horas. Luego tocó esperar como cinco horas hasta la noche la guagua, para llegar a Camagüey a la nueve y media de la mañana del otro día. En resumen, esta vez el viaje era de 62 horas, bueno, si incluyo la media hora de mi casa al aeropuerto y la espera de dos o tres horas, demoré 65 horas.

─Es una hazaña.

─Así es la vida.

Por Yanetsy León González/Adelante

Foto: Leandro Pérez Pérez/Adelante