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viernes, marzo 01, 2024

Caidije: un libro para rescatar un grupo

El Día para el Haitiano en Cuba es el 24 de septiembre porque ese día nació Emilio Bárcenas Pier. Y me parece hermoso y me parece justo, pero yo pienso que un día no es suficiente para celebrar la presencia del haitiano y sus descendientes, al menos no por la manera en que solemos disecar los aniversarios y caer como autómatas en el lugar común.

A la entrada del batey de Birán, donde nació Fidel Castro, están los bohíos de los haitianos. Se cuenta que a Fidel los haitianitos le buscaban hojas de yagruma y verbena para cuidar su piel de bebé. Luego, él los visitaba y comía junto con ellos el ajiaco criollo, las carnes, mazorcas de maíz…

En Camagüey también Haití nos hace vibrar alto. Por eso hoy me parece otro buen día del haitiano en Cuba. Hagamos un ejercicio muy sencillo. ¿Cuánto de lo haitiano llevamos dentro o subyace en mucho de lo que nos motiva, pero no lo hemos identificado o no reconocemos esa influencia en nosotros? ¿Qué personas nos hacen sentir a gusto desde su proyección como descendientes de haitianos? ¿Quiénes encantan al público nacional y foráneo con sus espectáculos de teatralización tomados del folclor con música y bailes haitianos? Me dicen Maraguán. Menciono Camagua.

Para seguir por la cuerda de las vibraciones, de personas que transmiten buena energía, pensaba en dos cantantes. Ayer escuché a Marina Collazo y a Teresita Romero cantar a capela para la pintora Ileana Sánchez. El café literario La Comarca, donde casi nunca hay silencio, dejó de ser un lugar para ser una estación emocional estimulada por sus voces. Hoy las veo en pantalla también plenas porque Oscar Alejandro Viñas estrena en Youtube un video con el Grupo Vocal Desandann. El audiovisual es una fiesta como la canción que promueve.

Con el lenguaje de las imágenes, Oscar traduce en cuatro minutos lo que en más de 100 páginas cuenta la musicóloga Heidy Cepero Recoder al investigar la cultura haitiana en Camagüey. Desandann ha llevado a la gran escena profesional lo que desde el anonimato se ha transmitido durante casi un siglo entre generaciones en Caidije, el grupo artístico más antiguo entre los portadores de la cultura haitiana en Cuba. Este grupo surgió en 1926, el año en que también nacieron Emilio Bárcenas Pier y Fidel Castro. Por tanto, Caidije tiene 97 años.

Por Heidy estoy aquí para presentar su primer libro, Caidije. El pasado que vive en nosotros, de Heidy Cepero Recoder (Ed. Ácana, 2021) publicado en la colección Pórtico. El ejemplar tiene muchas virtudes por la polifonía de fuentes vivas que ella entrevistó en su labor arqueológica. Asumió la riesgosa inmersión a los saberes de los entrevistados. Y nada hay más impreciso que el océano de la memoria. Luego de observar, de convivir, supo distanciarse para cotejar la información. Esa labor etnográfica me hace recordar la curiosidad humana por descifrar el pasado y conservar esa huella, ¿o a qué atribuimos la terquedad para resolver el enigma de los jeroglíficos egipcios? Aún sabemos una parte. Persiste el misterio.

Pero con los haitianos se trata de la oralidad, porque la oralidad ha sido la base de la representación de la realidad cultural de los pueblos africanos. En ese sentido, Heidy traza un camino plausible que nos toma de la mano para llevarnos de la tradición oral a la escritura.

El suyo es un incansable trabajo de investigación para reivindicar una tradición músico-danzaria que forma parte de la identidad musical cubana. Aquí encontramos textos de cantos, partituras. Al leerlo nos situamos delante de un tapete multicolor. Heidy teje, como en la coreografía de las cintas, los sentidos de la música y el baile a partir de rituales, de los instrumentos y otros objetos, al detenerse en la gestualidad, al poner en contexto los juegos y acrobacias.

Desandann era su referente. Quedó impactada de niña al escucharlos en una presentación cuando ella estudiaba en la Escuela Vocacional de Artes Luis Casas Romero. En la universidad, una profesora la motivó a salir al encuentro de los portadores y esa curiosidad la llevó al primer asentamiento de los descendientes haitianos en la Sierra de Cubitas en 2007.

El libro contiene sus descubrimientos al relacionarse con tres agrupaciones de descendientes de haitianos en Camagüey: Bonito Patuá, Caidije y Desandann. De hecho, por su manera de profundizar en las raíces y de involucrarse con las personas, a la joven investigadora se le ha quedado aquello de ser “La Blanquita de Caidije”.

Como la presentación del libro no es aleatoria, quiero mencionar otros elementos. Es promovida dentro de la Feria de Jóvenes Creadores del Proyecto Golpe a Golpe 2023 y la Asociación Hermanos Saíz. La Feria y la AHS nos han hecho coincidir mucho.

Este año tuvo a cargo en junio la conferencia de apertura del Coloquio Nacional de Periodismo Cultural, que dedicó la edición a la música y en el que dirigió su exposición al ejercicio de la crítica. Por tanto, en su libro, los periodistas encontramos herramientas para asumir una postura crítica cuando de cultura haitiana se trate.

Vale recordar que fue Caidije, es decir, este estudio fue su boleto de entrada a la AHS cuando en 2008 ganó el Premio de la Casa del Caribe, aunque a ella le ha costado mucho insertarse porque las investigaciones tienden a lo patrimonial y al protagonismo de lo blanco.

Si miramos en las últimas páginas los años de la entrevista, 2006 y 2007, notaremos que son testimonios de más de 15 años. ¿Pierden valor por eso? No. Por el contrario, debemos agradecer a Heidy que jovencita quisiera ir a una comunidad. En la investigación más que la efervescencia engañosa de la inmediatez urge la acumulación, el sedimento. Gracias a eso sabemos de primera mano lo que pensaban muchas personas que hoy ya no están, porque murieron, porque se fueron a otro país.

Heidy no se apartó del tema. Profundizó. En el 2012, logró el título de Máster en Cultura Latinoamericana por La música en las ceremonias de Vodú haitianas. Como le han reconocido en círculos académicos que no suelen premiar estos temas, su indagación actualiza el estado de conservación de las prácticas culturales, y sin dudas facilita el desarrollo de futuros estudios comparativos.

El libro en formato de papel era un viejo sueño. En octubre del 2021 la presentación fue una de las principales acciones de la filial para celebrar los 35 años de la AHS. Se hizo virtual. Tampoco en diciembre estaba físicamente el libro, cuando fue invitada a la peña Sóngoro Cosongo de Jesús Zamora. Estuvo al fin para la Feria del Libro del 2022.

Los datos de la página legal nos dicen, por la cantidad de editores, que además transitó por un angustioso camino para lograr ser este libro que hoy presentamos. Cierro con un elogio al potencial intelectual de la autora. Investigadoras como Heidy nos hacen sentir orgullosas y nos inspiran a pensar Cuba desde Camagüey. Porque enseñan a estar atentos a la tradición e insisten en educar el oído para saberla identificar. Esto también se le da porque es profesora.

Heidy, la Blanquita de Caidije, tiene la gracia haitiana, no sólo porque lo defienda, y ayude desde la ciencia a tomar conciencia de ese patrimonio cultural. Heidy es de las personas que transmiten buena energía. Y no sé ustedes, pero yo confío en las personas como ella que son decididas, que aprovechan las oportunidades y que siempre encuentras con una sonrisa natural.

Y como a las investigadoras es mejor hablarles con preguntas que con respuestas, le digo: Heidy, me queda la duda. ¿Lograste al fin que este contenido asome en las historias de la música de nuestras escuelas de arte? Me responde que sí, al menos en el plan de estudios de la Universidad de las Artes.

En su tesis hizo un modelo analítico estructural para ese tipo de música, porque sí existía el modelo para la música yoruba, para la abakuá, pero para los haitianos no. Ya se toma en cuenta el aspecto de lo haitiano dentro de los componentes de la música cubana. Por tanto, su libro puede además clasificarse como texto para academia, por las partituras y las transcripciones, útil para las escuelas de arte porque allí muestra cómo se toca un tambor, cómo se canta una melodía.

Heidy no se detendrá aquí. Como investigadora tiene aprobado el tema para emprender el doctorado. Con ese propósito piensa estudiar el repertorio de Bonito Patuá para al final comparar lo que hacen Bonito Patuá, Caidije y Desandann y aportar la generalidad de lo haitiano en Camagüey.

En cambio, aún sin definir el problema de su próxima tesis, la realidad le plantea otro grave. Murió El Indio, quien fabricaba los instrumentos, el que hizo los tres tambores radá. Desde hace un año, el grupo Caidije no tiene líder. Su director, con la esposa y el hijo emigraron a Estados Unidos. La esposa era bailarina clave. El director y su hijo eran los principales tocadores del tambor improvisador, y como señala Heidy, sin tambor improvisador, sin tambor guía, no hay grupo. ¿Se desintegra Caidije? Quedamos en vilo porque si Cuba dedica un Día para el Haitiano, es para prevenir de las ausencias, la omisión, la desmemoria.

Por Yanetsy León González/Adelante

Foto: Alejandro Rodríguez Leiva/ Adelante/Archivo