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El Gran Hotel de Camagüey

Gran Hotel de Camagüey Manifestación: Patrimonio 

Desde la apertura en 1938 del edificio actual, el Gran Hotel ha sido un activo partícipe en el desarrollo cultural de Camagüey, al recibir a destacadas figuras de la literatura y el arte. Por sus habitaciones han pasado muchas de las personalidades que han visitado la Ciudad de los Tinajones.

Han sido sus huéspedes artistas notables: los pianistas Artur Rubinstein, polaco, y Claudio Arrau, chileno, las cantantes Victoria de los Ángeles, española, y Dorothy Maynor, afronorteamericana —acerca de cuya estancia hay anécdotas en cuanto a actuaciones racistas hacia su persona— y el violinista Jascha Heifetz, norteamericano de origen lituano, por sólo citar algunos; y hasta Lucky Luciano, célebre personaje de la mafia italonorteamericana. Algunos historiadores plantean que un grupo de los jóvenes asaltantes del Moncada, paró allí, en su viaje hacia Santiago de Cuba, para almorzar.

El historiador y periodista cubano Gerardo Castellanos García (1879-1956) fue también visita de la instalación, en 1938. Estuvo entonces aquí en busca de información para una nueva obra, dedicada a la figura de Ignacio Agramonte y Loynaz. Entre las múltiples impresiones que sobre su estancia consignó en Pensando en Agramonte [1939] no pudo faltar el Gran Hotel. He aquí lo que escribió:

Me alojo en el confortable Gran Hotel, emplazado en el riñón urbano. De construcción e inauguración actual. El edificio más alto de la ciudad. Desde su azotea he examinado el sugestivo panorama de la ciudad. Del río San Pedro parten varios afluentes: por el este

En mi afán de atribuir a cualquier lugar camagüeyano una página de interés, escalpelizo en torno a este lugar y sus dueños y, efectivamente, hallo un hilo que empata con el pasado. Comienza con un joven catalán llamado Feliciano Carnesoltas, empleado en el servicio de arrias, que traficaba entre el embarcadero de Guanaja y Puerto Príncipe. Se convirtió en dueño de la agencia, abriendo a la par una tienda mixta en la calle de Santa Ana y ensanchando el negocio hasta el embarcadero de Vertientes. Cuando hizo fortuna compró la casa número 15 de la calle Mercaderes [...] que es el mismo solar que hoy ocupa el hotel. [...]

[...] La soberbia de su ventajosa posición le impulsó a que con motivo de que su vecino pusiera una planta más alta que la suya, "enfurecido juró fabricar la casa más alta del Príncipe". Estableció allí cuartel de voluntarios y otras oficinas. Es el edificio más elevado de la ciudad, propiedad de otro catalán, Alberto Almirall.

[debe decir: Oeste, HJF] el Tínima y más arriba el arroyo Méndez; por el Este el Jatibonico [errata por: Hatibonico, HJF] con los arroyos Santa Cruz, Juan de Toro, Matías y otros menores. La población surge entre esta corrientes, en un perímetro de unos dieciséis kilómetros cuadrados. Se desarrolla en terreno llano. Muy a lo lejos se divisan las lomas y sierras de Cubitas y Najasa. Las calles del viejo asiento forman una confusa maraña. Los campanarios de los templos cristianos dan la nota saliente.

Autor: Héctor Juárez Figueredo