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Portal de la Cultura Santacruceña | Publicación Literaria Mensual. No.7 - Agosto 2008.Edición Especial dedicada a la realización del Encuentro Debate Municipal del Taller Literario Mirta Aguirre. | |||||
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Poema: Desencuentro. |
Decima: Guajira . Déjame escalar tu pecho,
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Cuento: Viaje al Parnaso Pero… ¡Oh Calíope, que etérea te muestras a veces con algunos mortales! ¿Será que Pegaso a fuerza de volar a encumbrados parajes se olvidó de que en la tierra existen sitios donde también se puede escuchar la lira?. Cientos de interrogantes se hacía Graciano y reflexionaba además. A su martillado cerebro venían ideas como esta: “las únicas condiciones esenciales que hacen el texto son el hecho de palpar el trasfondo humano, y por supuesto, el dominio del idioma”. Y mira que Graciano había leído textos, sin lo uno y con poco de lo otro. Pero en fin, se presentaría de nuevo, a pesar de que Luciana, con su habitual irreverencia le había advertido: total, no sé para que lo haces, si tú sabes que allí los que deben descubrir y guiar, hace mucho tiempo que perdieron la visión semántica del vocablo talento, y en cuanto a eso del “trasfondo humano”, es pura palabrería. ¿No era Rimbaud quien hacía sus poemas metiendo en una caja montones de palabras que luego sacaba a su antojo y con ellas conformaba la obra?. Y Rimbaud es Rimbaud. Bueno si no era él, era otro, pero Luciana insistía en que lo sabía de algún lugar. Graciano la escuchaba en silencio y hasta respetaba muchas veces sus criterios, que no siempre eran desatinados y en ocasiones dieron luz a las imágenes de su creación poética. Y mucho más, lograron que sus ojos, oídos y mentes abiertas evaluaran con visos, de esa virtud tremendamente humana, que significa penetrar en la creación del otro, sus esfuerzos en el quehacer poético. Pero justo ahora a Graciano se le ocurre una idea macabra. Era como ese viaje al Parnaso con el que todo poeta sueña, al menos una vez, y muy pocos consiguen, solo que en esta ocasión sería a la inversa. Leyó por última vez la obra seleccionada para el concurso, y como un padre que acaricia el cabello infantil, luego del perdón de una travesura, dobló el papel y lo guardó en la gaveta de su escritorio. Luciana lo miró intrigada. ¿Te rendiste finalmente? Graciano solo respondió con una sonrisa, indescifrable y enigmática, como la de aquella irrepetible Dama. El día llegó; el jurado como casi siempre, comenta, comparte sonrisas cómplices y disfruta del placer, de al menos por unos momentos, asumir el rol de Apolo: utilizar a las musas para enseñar a los hombres la poesía. Al fondo sobre una tela, se expresaba así el gran Thiago de Mello: “Lo sencillo y lo fácil es escribir difícil; pero lo difícil de verdad, es escribir sencillo, sin perder el compromiso con la belleza”. Allí hubo de todo: trasfondo filosófico, el tiempo, el destino, la muerte, el amor, las máscaras, los sueños… Finalmente tocó el turno a Graciano, era extenso su poema, pero orgánico y profundo y Luciana que lo escuchaba con asombro (nunca le enseñó a ella aquel texto) sintió que el contenido había palpado su “trasfondo humano”. Al terminar la lectura, todos aplaudieron. En algún lugar de M ella sonrió. El jurado fue categórico. El veredicto de estos eventos solía ser un momento particularmente desconcertante para Graciano. Pero esta vez todo era diferente, se mostraba casi eufórico. Luciana se le acercó y le susurró al oído… ¿Alguien ya te anunció el Gran Premio o te decidiste a sobornar al jurado?... Él como la dama del cuadro sólo sonrió. Al fin llegaron los resultados: un Gran Premio para una joven pálida y frágil, acompañada de dos señores de espejuelos oscuros; un premio a un muchacho espigado y risueño que no hacía nada para disimular su orgullo. Los demás, bueno… los demás no importaban mucho. Graciano luego de la ceremonia de premiación pidió la palabra… Por favor primero felicitar a los premiados, segundo, pedirle al jurado que esté preparado para convencer a J L O, Premio Nacional de Literatura 2020 y mi amigo personal, quien muy gentilmente me facilitó uno de los poemas de su último libro, en fase ya de edición, para que yo lo presentara en este evento. |
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Obra de teatro :.
(Interior de una habitación (cuarto), con un colchón en el piso en el centro, en un lateral de frente un pequeño armario con las puertas abiertas y vacio, solo perchas, sobre las puertas y al descuido algunas prendas de vestir de niña, el uniforme escolar y una bata rosada, en el otro lateral un balance pequeño, cajas y maletines y una muñeca de trapo). En off llanto de una niña que entra estrepitosamente y se tira en el colchón llorando y sin dejar de mirar por donde entró. Actriz: - Pero mami (se pone de pie y va a la puerta) ¿por qué no me dejas salir?, por favor déjame sentarme en el portal de la casa de mi amiguita Marian, - anda má-, ¿voy mamita?- si yo no toco nada, anda chica un ratico nada más, (espera unos segundos sin moverse de la puerta), me voy a enfermar de tristeza (va hacia el balance, coge la muñeca se la pone en el hombro), no me dejas jugar con los demás niños, porque tengo dulce para los piojos, no puedo hacer figuritas de barro porque me ensucio las orejas, no puedo montar bicicleta porque me rompo los dientes, no me dejas andar descalza porque me crecen los pies, me castigaste por adornar el libro que me regaló ese hombre, que ahora es tu amigo – mija, tú quieres que yo sea una momia, (camina hasta la puerta y pone el oído). También tu amigo me grita con su lengua enredada y a él tú no le dices nada, a mí me retuerces las cejas y me gritas como si yo fuera sorda – es muy triste (va alejándose de la puerta hasta llegar frente al armario) es muy triste, es muy triste ser tu hija (se esconde dentro del armario, abre lentamente la puerta y sale). A mi amiguita Marian no le pasa esto – la mamá le ayuda en las tareas, se sientan juntas a jugar a las casitas y la dejan ir al parque con su perrita Lala (se sienta en el balance). Ay Trapitos (abraza la muñeca) tú eres mi única alegría, mi mamá siempre está ocupada, sólo tiene tiempo para conversar con ese que no es mi papá, a mi por todo me regañan. Trapitos, el día que se me rompió el vestido por subirme a la cerca para coger tamarindos para Pedro, no quieras haberla oído, ella no entiende que él es un niño igual que yo y aunque no pueda caminar es mi amigo, mi mamá ha cambiado mucho. – (transición)- Maá déjame salir, ay Trapitos, ella desde que recibió ese telegrama está muy alterada, no me deja casi hablar, y yo tengo derecho a ser escuchada y a que me respondan mis preguntas (se pone de pie, deja la muñeca) ¿por qué las ranas se esconden en mis zapatos? (mira arriba) y la araña (camina al otro lateral) parece que se tragó un carretel de hilo (va hacia la puerta), ¿por qué al amigo tuyo habla tan enredado?, ¿él vive en Miami? ¿por qué está en nuestra casa? - ¿por qué el gallo de Paco se sube arriba de la gallina moñua? (va hasta el balance, coge la muñeca). Si pudieras hablarme, yo sé que tú me responderías, mi muñequita linda, (la levanta, la mira con cariño), tú si sabes escuchar, por eso te quiero tanto mi preciosa, con tus ojazos grandes que siempre me miran (la abraza), tú siempre estás para mi, ¿me quieres Trapitos? (hace que la muñeca mueva la cabeza). Sabes amiga, parece que mamá va a pasear se sienta en el colchón) y su amigo la va a acompañar – hoy esta casa tiene tremendo desorden, donde quiera hay una caja y la ropa fuera de los armarios, mamá recoge, esconde paquetes, sus amigas entran y salen con las manos llenas de jabitas – y fue entonces que lo descubrí, un cartoncito decía, ¡ropa de niña para la hija de Carmen!- mi mamá se molestó y por eso estoy aquí, ella cree que soy boba, que no me doy cuenta de lo que está pasando. (Transición). Oye mi linda, si ves la cara que pusieron los de la fiesta anoche, - me llevaron para la sala, para que dijera una poesía que me obligaron a aprender (camina hasta el armario, se pone una bata larga rosada), que incomodidad, me vistieron con una batas de esas que tienen un lazo, que ya no se usan y que la tela da tremenda picazón, yo creía que me hinchaba dentro de la ropa, y ahí fue cuando se me ocurrió cambiar la poesía por la que me enseñó el maestro Carlos, mira, me subieron arriba de la mesita de centro (corre y se pone de pie sobre el colchón) y todos se sentaron para escuchar, y así empecé – cultivo una rosa blanca… allí se formó tremendo murmullo, me mandaron a callar, me retorcieron los ojos – pero seguí- en julio como en enero, para el amigo sincero, que me da su mano franca y para el cruel que me arranca, el corazón con que vivo, cardos ni orugas cultivo, cultivo una rosa blanca- ya la última parte la dije a todo pulmón – todos quedaron mudos (baja del colchón, se quita la bata)- Mamá casi infarta, se le botaron los ojos y la voz le salió como la rana toro que está en la puertecita de la escuela (se pone las manos alrededor de la boca) - ¡Kiriam, a tu cuarto!. Esto no es justo Trapitos, nadie me preguntó si quería estar entre esas gentes (se sienta en el colchón y coge la muñeca), si quería ponerme esa bata que trajo el amigo de mi mamá (llora) y ahora tú verás- (se levanta, va hasta la puerta). ¡quiero que lo sepas mamá, yo sé que tú me estás escuchado! ¡toda mi ropa la vuelves a poner en los percheros de mi armario, esta es mi casa y yo de aquí no me voy, aquí me quedo, con Mariam, con su mamá, con mi amiguito Pedro, para que lo sepas! (repite texto anterior). Aquí me quedo (va hacia el armario, coge el uniforme escolar, va hacia el colchón y lo abraza, junto con la muñeca, repite texto llorando, bajando la intensidad de la voz). |
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