Por: Dr.C. Vilfredo Avalo Viamonte.
Vicepresidente de la Unión de Historiadores en Santa Cruz del Sur
Santa Cruz, es un nombre de reiterada utilización por los españoles para bautizar lugares a los que arribaban durante el proceso del llamado descubrimiento y colonización, muy a tono con su religión y que según se dice está relacionado con el hecho cierto de que Colón clavaba en tierra una cruz a todo punto nuevo donde llegaba, no se ha encontrado documento alguno que revele el bautizador, ni el momento exacto a partir del cual se comenzó a usar este nombre para esta comarca, lo que más se ha logrado saber el respecto, a través de Rafael Pera y Peralta (primer historiador de Santa Cruz), es que mucho antes de formarse este pueblo existía un fundo, cercano a dicho punto que tenía por nombre Santa Cruz.
El nombre de Santa Cruz, fue asumido según parece del viejo embarcadero que, ubicado en la costa meridional de Puerto Príncipe, había servido durante siglos para el trasiego de mercancías y la trata clandestina de esclavos entre hacendados, piratas, corsarios, tangomanes y bucaneros, todos habituales visitantes de esta comarca. De allí que mapas en fechas tan temprana como 1650 y 1728 señalen a Santa Cruz.
La ubicación geográfica del pueblo y su condición costera determinaron su futura evolución. Así, en correspondencia con la autorización dada en 1818 de comercio con el extranjero a todos los puertos de Cuba, en junio de 1829 la Junta Superior Directiva de hacienda acordó habilitar por vía de ensayo el puerto de Santa Cruz para el comercio extranjero.
La infraestructura arquitectónica del mismo se reducía a 110 edificaciones: 104 casas (5 de tejas y 99 de guano), 6 almacenes (1 de teja y 5 de guano) y completaba la fisonomía del pequeño caserío cinco muelles de madera por donde se concentraba el 90 % de la actividad comercial de la costa sur de Puerto Príncipe.
Llama la atención que el pintoresco caserío se halla levantado sobre una extensa y estrecha faja de arena que de Este a Oeste llegó a alcanzar los 2 574 m de largo, por el Sur bañado por el mar y por el Norte rodeado de extensos y anegadizos playazos divididos justamente a la mitad por el camino real que conducía a la villa de Puerto Príncipe y que su cota más alta apenas rebasaba los 60 cm. Todo lo cual determinaba las muy malas condiciones de salubridad que tenía esta población.
Al caracterizar a la población de Santa Cruz del Sur Antonio Perpiñá dice:”Sus aguas potables, que no son buenas, y sus contornos anegadizos constituyen á Santa Cruz una población bastante enfermiza, propensa a disentería y calenturas intermitentes”.
La evidente endebles e indefensión del soporte topográfico de éste pueblo en gestación, quizás, venga a indicar el carácter provisional que en un inicio tuvo la elección de este lugar como asiento del núcleo humano que aquí se engendró y llegó a consolidarse adquiriendo gran importancia gracias a ser el único puerto de alguna comodidad en toda la costa sur de toda la provincia para la salida natural de las producciones que en la zona se generaban. Así las cosas, continuó su evolución y en 1842 el puerto fue declarado Ayudantía de Matrícula, se dotó por primera vez de fuerza armada y se estableció el hospital militar.
Ya desde enero de 1838, el Márquez de Santa Lucía había manifestado en sesión celebrada por la Diputación Patriótica de la Ciudad de Puerto Príncipe, a nombre suyo y del Lic. Gregorio de Quesada que han deliberado ceder en beneficio de Santa Cruz quince caballerías de tierras cada uno contiguas al puerto del mismo nombre. En 1843, se concretó la donación de las treinta caballerías para fomentar el barrio Pueblo Nuevo. Acontecieron entonces en el pueblo hechos que marcaron para siempre la memoria de sus pobladores: se produjo un incendio que destruyó varios muelles, el almacén y algunas casas. Se creó la primera escuela e inició la construcción tanto de la carretera a Puerto Príncipe como la reedificación de la iglesia.
En 1846, año en que el Gobierno Superior Político de la Isla redujo a diez las veinticuatro capitanía de partido que existían en la provincia y se establecía aquí la Comandancia de Armas, otro censo hacia constar la evolución urbanístico-arquitectónica y demográfico-económica de esta población reunida, el cual arrojó la existencia de: 86 casas de madera y 14 de embarrado y guano que incluían dos grandes almacenes particulares de depósito, tres tiendas mixtas, una panadería, un billar, una barbería, tres zapaterías, cuatro carpintería, una herrería y cuatro tabernas. Por su parte la población está constituida por 266 blancos, 166 de color (libres) y 62 esclavos, en total 494 habitantes.
La relativa mejoría de los materiales de construcción de sus viviendas, así como el notable incremento, en relación con el censo de 1837, de una diversa estructura sostenedora de actividades económicas variadas (productivas y sobre todo de servicio) incluido el recreo, denota que este enclave urbanístico estaba entonces en franco proceso ascensional, y aun con la escasa población que albergaba, se puede afirmar que había rebasado ya el estadio de aldea y alcanzaba la categoría de pueblo,con todos los requerimientos que para tal condición era necesario reunir en esa época, a pesar de su claro carácter terciario, modo de concebir entonces lo urbano ya que al ser agraria la principal industria del país (el azúcar) la misma se concentraba en fincas aisladas e independientes una de otras, con mano de obra esclava y fija al lugar que no favorecía el desarrollo en ella de procesos de urbanización.
En mayo de 1847, por acuerdo de los vocales de la Junta Consultiva de la nueva colonia que se estaba formando en las cercanías del puerto de Santa Cruz se inicia la construcción de la calzada y la alcantarilla que serviría para salvar el pantanoso tránsito de los playazos que se interponían entre el puerto y el interior del territorio; la calzada uniría también favorablemente los dos núcleos urbanos vecino.
La construcción de ambas obras vino a materializarse en 1850 para la cual sus promotores contaron con la aplicación un arbitrio local a las carretas, carruajes, carretones, arrías y caballos cargados que transitaran por dicha vía hasta que concluyeron las obras. Los trabajos se hicieron bajo la inspección del regente de Puerto Príncipe Don Manuel Nazario de Agramonte, encargado al efecto.
La condición anegadiza de los alrededores del pueblo – puerto y su bajo nivel con respecto al mar lejos de amilanar y desalentar a sus moradores fue siempre un reto a su voluntad y no impidió que en lo adelante como ya se ha podido constatar hasta aquí no pocos de ellos, como prueba de su arraigo y apego al lugar, fueron con su esfuerzo personal rellenando las zonas bajas y levantando sus hogares. Fue así en ese cotidiano enfrentamiento a las dificultades que le deparaba la naturaleza pero también disfrutando de las bondades que le prodigaba su variado y rico entorno forestal y marino que se fue forjando parte de los elementos que más tarde conformarían la identidad del santacruceño
Marcado por este espíritu son las gestiones que desde la década del sesenta se venían haciendo para que el lastre de todos los buques de travesía y cabotaje que arribaban a este puerto arrojaran aquí y no en los cayos éste material, con el fin de arreglar la única calle que existía entonces en el poblado. Así como la solicitud que José Antonio Martínez y José Lorenzo Betancourt, en representación de todos los vecinos de la parte Este del pueblo, presentaron al ayuntamiento en marzo del 1872 para que se le concediera el permiso a construir una represa o calzada que impidiera la entrada en el estero o cañada de Playa Bonita de las aguas del mar en sus crecientes y así, a la vez que veneficiar la salud y el ornato del pueblo, evitar que el mar continuara ensanchando y profundizando ese estero y con ello mermaran los terrenos de éste núcleo urbano.
Es bajo el influjo de la guerra de los Diez Años que acontecen en la localidad dos de los más notables hechos ocurridos en la etapa colonial: tratábase de la constitución del Ayuntamiento Municipal el 17 de marzo de 1871 y la inauguración del servicio telegráfico que comunicaba a este puerto con la villa de Puerto Príncipe el 5 de julio de 1872.
Para este año (1871) el pueblo de Santa Cruz rebasaba ya los mil habitantes, el censo realizado entonces registraba 1 390 almas, cifra alrededor de la cual oscilaría esta población en lo que restaba del siglo, teniendo su cota más alta en 1892 que llegaría a 1 500, momento quizás de su máximo esplendor en el periodo entre guerra y en toda la etapa colonial.
Nótase, sin embargo, que en los últimos veintisiete años a partir de 1872 y quizás un poco antes, este pueblo cabecera experimentaba un relativo estancamiento en su evolución económico – demográfica, no así el resto del territorio que sin saltos espectaculares continúa creciendo hasta 1895.
Llegado a este punto, puede apreciarse ya con cierta claridad los perfiles y rasgos principales del centro nodal del territorio, que a no dudarlo constituye, tal y como se ha podido demostrar hasta aquí, el lugar hacia donde confluía, con toda lógica, por su condición de puerto, la variedad de actividades económicas, políticas y sociales que se generaban en la zona. Razón por la que fue escogido, en no pocas ocasiones como escenario en el que sucedieron y actuaron hechos y personalidades históricas de los bandos contendientes en las guerras de independencia.