Un poco de Historia
San Juan CamagŁeyano
Las celebraciones de San Juan, fiestas que marcan el esplendor de la cultura principeña, se muestran como herencia occidental que, desde el XIX, adquirieran un definido carácter criollo. Las referencias europeas indican que los campesinos de Francia, Alemania, Noruega, Estonia, Italia y España acostumbraban a encender hogueras las vísperas del 24 de junio, en torno a la cual danzaban con el interés de favorecer la recolección de las cosechas, alejar las brujas y las enfermedades del ganado. Puerto Príncipe, de base económica agraria y ganadera se corresponde con estas coordenadas y por tanto, no es casual que también los habitantes de esta región optaran por similares expresiones culturales.
Una festividad religiosa: El Corpus Christi; coincidía con la época en que comenzaba la venta del ganado, por lo que se adopto la costumbre de comenzar el San Juan después de la procesión que salía el día de Corpus, fiesta movible en el calendario católico. A pesar de su comienzo en esta fecha los festejos eran de carácter profano.
Según El Lugareño: … “En el mes de junio es ya a mediado de la estación lluviosa. Entonces nuestra gente campesina anda mucho a caballo: es el tiempo oportuno de recoger ganados, pastorearlos, conducirlos a los corrales, contarlos y beneficiarlos: y se necesita engordar los caballos, correrlos, amaestrarlos para ese servicio de las fincas. Júntanse los montunos de las haciendas inmediatas: ayúdanse mutuamente a los trabajos del pastoreo, recogida, encierro en los corrales, marca de señal y letra de propiedad de los ganados. He aquí pues formada una trullada o pandilla que corren, vocean, cantan, se provocan, se desafían, se alientan a la carrera. A la destreza, y a la agilidad ecuestre; y aquí el origen para mi, del San Juan, y la elección de la época. Esto paso del campo a las inmediaciones, y después a la ciudad misma conservando en algunas cosas las huellas de su cuna; pues como luego vera usted la imitación de las operaciones del campo, hacia parte de la diversión de la ciudad”… (1)
Significativo valor cobra la permanencia de la ceremonia que acompaña al final de los festejos: el entierro de San Pedro, el 29 de junio. ¿De donde tomo Puerto Príncipe esta tradición? ¿Seria acaso de la costumbre establecida en Flandes de quemar un muñeco de paja al inicio y final de esta jornada? O, ¿tal vez el tradicional “entierro del carnaval” propio de los países europeos en sentido general? No hay que desdeñar la posibilidad de que, desde el continuo contacto de los principeños con europeos, nuestro alegórico entierro deba su nacimiento a la imagen italiana –particularmente en Abruzos-- en que cuatro bebedores llevaban un muñeco de cartón acompañado de una mujer, supuestamente su esposa, que vestida de luto y deshecha en lagrimas, recogían dinero del publico hasta llegar a la plaza en que se quemaría la figura. Sin embargo lo cierto es que esas fueron fuentes de inspiración al acontecer cultural que, cargado de criollidad, cobra bríos singulares en nuestro Camagüey. Debido a un incidente ocurrido a doña Josefa Jáuregui en 1817, se hicieron prohibiciones a tales festividades; pero … “El pueblo, nunca bastante saciado de su diversión, y acostumbrado a usar el san Juan de noche, busco un medio ingenioso de eludir la prohibición, y lo encontró en las sabanas, manteles, cortinas, y cuantos lienzos les vinieron a las manos. La sabana o colcha de una cama es un mueble con el cual puede uno cubrirse de pies a cabezas; es un mueble quitadizo, mueble que de un golpe se presenta colgado al brazo como una toalla que se lleva al rio o a casa de la lavandera, quedando la persona en traje casero y burlada la prohibición graciosamente”…(2)
Fueron las principales familias, a partir de 1834, las que se encargaron de mostrar en plenas fiestas del san Juan, la rica cultura de los principeños. Para entonces, junto a las mas populares expresiones, recorrieron las calles de la ciudad escenas mitológicas --El viaje de Mahoma, comparsas de musas, romanos y sabinas, entre muchas otras---, e incluso, plasmaron los mas codiciados proyectos de sus ilustres hijos como el San Juan de 1846, ocasión en que un grupo de jóvenes representaron, en miniatura, la puesta en marcha de un ferrocarril en las calles principales (3), o aquel, en 1862, en que salió la comparsa “El Siglo XIX” , donde Águeda de Cisneros Betancourt, hermana del Marqués de Santa Lucia, representaba el siglo; Ana Betancourt de Mora, la fraternidad; Catalina Agramonte, la tolerancia; Concepción Agramonte de Sánchez, la paz; Carmen Labastida de Betancourt, la ciencia; Teresa Agramonte de Agramonte, la electricidad; Dolores de Agramonte, las artes; Amalia de Velazco, el vapor; Rosa Sánchez, el comercio; y, Rufina de Agramonte, la industria. Así los festejos del san Juan desbordan el mero divertimento para devenir fiel representación de la imagen cultural del pueblo.
También las casas se sumaban a este tipo de fiesta, siempre con la jocosidad que reinaba por esos días. Se hizo tradicional en la colonia el asalto, una visita anunciada por un grupo de amigos para una hora especifica, a fin de que los anfitriones les agasajaran con una mesa desbordada de alimentos y bebidas en el patio, centro cultural familiar por excelencia donde se bailaba hasta la madrugada. Era también para sorprender a los propietarios, la iniciativa de algunos que, ensabanados, se llevaban a sus casas la cena de aquellos que disfrutaban del paseo, invitándoles luego a consumirlo como legitimo anfitriones. Era común de la época ir de recorrido por casa de los Juanes –los nombrados Juan--, proceder que alcanzo vuelo inusitado en la figura de Juan Castrillón (don Pancho), durante el periodo republicano.
La República Neocolonial, en su amplia red de instituciones y sociedades, dio continuidad a la incorporación del espacio arquitectónico a las fiestas del san Juan, rasgo que, con la Revolución, es una mixtura social sin precedentes, se expresara de forma alternativa en la búsqueda de un lugar para el Teatro del Pueblo. La novedad que incorpora esta etapa es la elección de la Reina y su corte, proceso que adquiere diferente carácter con el paso del tiempo. Resultaba memorable el acto de coronación y el programa de actividades a las que asistían. También a este periodo se debe el surgimiento de las congas a partir de La Arrolladora.
Otro de los rasgos inherentes a las fiestas del San Juan, y que también se enriqueció a lo largo del tiempo, es el peso que cobra la alimentación en estos días, no son pocas las personas que obviando las costumbres tradicionales de la familia optan por aquellas que afloran como signos culturales o típicos de esos días. Durante la colonia el rey de la mesa era el lechón asado, la gandinga, el casabe, el arroz con pollo, y el salpicón(especie de fiambre compuesta por pepinos, piña, hierbabuena, hojas de ciruelas, picadillo de carne, aceite y vinagre) y, como postre, cuajada con miel de abejas. Entre las bebidas a degustar, el mistela y el aguardiente de caña no faltaban a la ocasión.
Hoy, el signo vital de este renglón lo ocupa el ajiaco criollo, ese rico compuesto en el que toma participación la comunidad, para otorgarle permanencia a la fraternidad cuyo vínculo con el San Juan se debe a una tradición de los barrios periféricos.
Otras tradiciones en el Camagüey y muy ricas por cierto eran las de agrupaciones músicos-danzarias de fiestas y de San Juanes, donde hay una fuerte presencia de nuestras raíces africanas, además de la española; Rumba: los Rumbones salían de diferentes Barrios; Matadero, Rosario, Palma, Cristo, Bedoya, San Gabriel, y otros; y tenían como antecedentes los cabildos de “nación” africana, al compas de su ritmo se arrollaba, se marcha en un orden de formación establecido y se cuenta con instrumentos musicales como: tambores, cencerros, o guatacas posteriormente se adiciona la trompeta y otros instrumentos de vientos.
En el barrio de Cristo por el año 1920 se cantaba la siguiente rumba:
“De Cristo salimos
A Cristo volvemos,
Templando la lira
Esta noche no duermo.”
Rumba famosa fue la de Jesús Márquez (Marquesado), de las décadas de los 40* y los 50*
Comparsas: cuenta la tradición que del 24 al 30 de junio de 1760, se corrió en la Villa un magnifico San Juan; en el que hubo comparsas –recorrían de La Mayor a San Juan de Dios, de ahí a la de San Francisco, luego a la Soledad, siguiendo por la Merced hasta la Plaza de Armas--, con bandas de música, estandarte, comparsas corales sin tambores y comparsas de sociedad( Marqueses del Cristo, Los Chalequeros), los artísticos(Los Moros, la de Caricato y otras).
Congas: toponimia creada en Camagüey, aparece en los años 30, con antecedentes de “La Arrolladora” de Izaguirre, con tambores de barriles, campanas (Comandos, Muchachos Durmientes, Los Pulpos, Farola, Los Caribes).
Las carrozas: de camiones ataviados con flores y lujos, señoritas muy bellas y serpentinas, hasta tractores con remolques cubiertos de una plataforma adornada muchas luces acompañados de grupos musicales y ya por ultimo música grabada, todo un espectáculo para entretener al publico que rodea las aceras para observarlos.
Sin lugar a dudas, el San Juan, nombre con que pervive pese al reconocimiento de “fiestas de carnaval” con que se conocen las fiestas populares en otras ciudades del país, es un genuino y autentico rasgo de la cultura local, sus ha- bitantes corren el San Juan, arroyan con las congas y viven sus vidas con una lectura holística cosmovisiva, necesitando que se le respete y valide siempre su tradición.