Hilda Vila: una mujer decimonónica

Fotografías cortesía de Hilda Vila

A la profesora Hilda Vila la conocí justamente en el Instituto Superior de Arte, ISA, cuando me iniciaba en el universo de la docencia universitaria. Con solo un intercambio de palabras, percibí su plena identificación con los Estudios Cubanos y con su querido maestro y colega, Manuel Moreno Fraginals. Cuando le comenté mis interrogantes acerca del surgimiento de los Estudios Cubanos, enseguida me abrió las puertas de su palacete ecléctico, extraído de alguna de las páginas de la Revista Social. Entre álbumes de sellos, fotografías de Martí, Ernesto Che Guevara y Fidel, y un silencio enigmático propio de las casas antiguas transcurrió esta velada en una tarde de domingo. Así pude conocer sus memorias sobre la historia del Departamento de Estudios Cubanos, y alguna que otra anécdota de sus experiencias docentes.

Hilda Vila es graduada de la carrera de Historia de la Universidad de La Habana y constituye una de las fundadoras del Instituto Superior de Arte. Su obra aúna una serie textos —la mayoría aún inéditos— en los que se percibe su profunda sensibilidad por las temáticas de la época colonial cubana. “Diccionario de seudónimos de autores cubanos del siglo XIX”, “Esos otros nombres de José Martí”, “Cartas de amor desde la manigua”, “Diccionario de pseudónimos, apodos y epítetos cubanos”, son solo una pequeña muestra de la incalculable pasión que siente por la investigación y la manera de aportar nuevas luces sobre el pensamiento de la nación cubana.


Archivo Personal de Hilda Vila

¿En qué momento descubrió que tenía vocación para el magisterio?

Desde muy niña. Nunca jugaba a nada que no fuera a la escuelita. En cualquier lugar que me encontrara y hubiera dos niñas o niños más, al momento ya estaba formada el aula, y por supuesto yo era la maestra. Llegaba a la playa y ponía a los niños en la arena a jugar a la escuelita. Iba a una fiestecita y a los cinco minutos estábamos jugando a la escuelita. Hubiese sido profesora hasta de Ciencias Ocultas, pero profesora.

Signada por su pasión por la docencia podría comentarme cuándo y cómo se enamoró de los Estudios Cubanos.

Como casi todos los grandes amores, le pasan a uno por delante y uno no se fija en ellos. Y después, un día, es cuando aparece. La idea de los Estudios Cubanos ni remotamente fue mía, sino de Manuel Moreno Fraginals. Yo era profesora de Cultura Cubana junto con Raquel Mendieta y Salvador Morales. El responsable de nuestra orientación metodológica era Moreno Fraginals. Nosotros dábamos clases en la Facultad de Artes Escénicas, y un día conversando nos dimos cuenta que los estudiantes del ISA recibían más contenidos sobre las culturas aborígenes que del resto de las materias de la Historia de Cuba. Entonces nos preguntamos: ¿Para un estudiante de un Instituto Superior de Arte es tan importante tanto estudio sobre las culturas aborígenes, o lo provechoso sería saber qué aportes culturales han llegado hasta nosotros, que fueron propios de esas comunidades aborígenes? De ahí que Moreno afirmara: Vamos a hacer un programa en el que integremos la Historia, la Cultura, la Literatura. Nosotros nos quedamos sorprendidos, por supuesto, como profesores jóvenes que éramos en aquel momento, nos dijimos: estas deben ser las típicas cosas de Moreno. Pero no, fue una de las cosas fundamentales que Moreno le aportó al ISA. Entonces surgieron preguntas como: ¿Qué insertamos dentro de los Estudios Cubanos? Valorando, quitando, poniendo, llegamos a la conclusión que las que no podían faltar era Historia de Cuba, la columna vertebral del programa buscando un orden cronológico, y por supuesto, darle espacio a la cultura cubana. También se pensó en la literatura y el arte cubano.

Así fue como salió la primera versión de los Estudios Cubanos más o menos en la fecha de 1990-1991. En plena época del Periodo Especial, cuando muchas instituciones estaban cerrando, nosotros abrimos los Estudios Cubanos. Este programa inicial fue para aplicarlo solamente a una sola facultad, en ese entonces en la de Artes Escénicas. Desde su concepción, los Estudios Cubanos se perfiló a partir de la integración de las distintas áreas del conocimiento, y no cada materia de forma independiente.

Hace un momento usted relataba que el origen de los Estudios Cubanos se debe a esa figura ilustre de la intelectualidad cubana, Manuel Moreno Fraginals. ¿Qué importancia le atribuye a Moreno en cuanto a su pensamiento teórico y como profesor en los Estudios Cubanos?

Moreno Fraginals fue un maestrazo, sin embargo, él no lo sabía. Lo que era un maestrazo sin método, un maestrazo desorganizado. A Moreno Fraginals no se le podía pedir la organización, ni el horario de una clase. Moreno, quien fue por mucho tiempo profesor del ISA, nunca se enteró qué era un acta de examen. Sin embargo, sentarse con Moreno Fraginals, en cualquier lugar del ISA, en una sesión metodológica, en un postgrado que él impartiera, era estar aprendiendo continuamente, porque es que era todo un maestro. Enseñaba continuamente, a su modo y manera , pero enseñaba. Trataba de que leyéramos mucho y nos prestaba sus libros personales, y nos dejaba grabar todo lo que decía. A mi juicio mientras estuvo viviendo en Cuba fue uno de los historiadores más importantes que tuvo este país, y eso no lo duda nadie. Nos ha dejado el impacto a todos, diría que al menos a tres generaciones: la de él, la que vino detrás de él y la mía. Su obra escrita está fundamentalmente vinculada con los temas de la colonia. Es más, su sensibilidad era una sensibilidad decimonónica. Creo que eso también lo aprendí de él, yo también creo que soy una mujer decimonónica.

Aunque de alguna manera ya lo ha expresado, ¿podría resumir en una palabra o una frase en qué radica el sello de los Estudios Cubanos?

Creo que el objetivo fundamental que deben perseguir los Estudios Cubanos es demostrarles a los estudiantes nuestra identidad nacional. Construimos nuestra identidad desde el día en que una comunidad aborigen que vivía apaciblemente tuvo contacto con otra comunidad que quedó deslumbrada ante la realidad americana. Ese día fue el cigoto de la nacionalidad cubana. Se unieron los dos elementos para dar lugar a esa primera célula de la identidad cubana. Desde el día en que el cemí estuvo junto a la cruz, ahí se está creando identidad nacional. Tanto valor tiene el cemí como la cruz. Lo único que aspiro como profesora es que dónde quieran que estén nuestros estudiantes no se avergüencen de ser cubanos, sino todo lo contrario, que sientan el orgullo de serlo.

Desde su experiencia como docente e investigadora de la Universidad de las Artes, y en especial como integrante del departamento, ¿qué acciones, estrategias, iniciativas ha potenciado el departamento de Estudios Cubanos para promover esa labor teórica, investigativa y pedagógica de sus profesores y estudiantes?

Nosotros fuimos un claustro muy estable al principio. Un mismo claustro impartió clases por muchos años, y eso nos ayudó muchísimo. Siempre digo que el primer seminario de los Estudios Cubanos es el ensayo general de lo que van a ser los Estudios Cubanos. Cuando los estudiantes van al primer seminario, todos tiemblan. Sin embargo, una vez que descubren, que no es otra cosa que una buena y profunda conversación, enseguida se acaba el miedo. El segundo seminario es Martí. Cuando son buenos los seminarios sobre Martí, ¡todo el mundo llora! Porque descubren a Martí. Hasta ese momento habían llevado al Martí en la piel, ahora lo van a llevar en el corazón. No puede haber un graduado universitario de ninguna carrera en Cuba, que no se haya leído Nuestra América, ese es un corazón latente en la obra de Martí y en nuestra condición de cubanos. Los estudiantes en este seminario son capaces de crear y recrearse artísticamente a un Martí.

La mayor experiencia que he tenido en los Estudios Cubanos fue con un grupo de teatro de la Facultad de Artes Escénicas. Los estudiantes para el examen final nos dijeron que iban a ser un trabajo en el que necesitaban que los profesores fueran con ropa que se pudiera manchar, romper. Pensé: ¡Dios mío, nos van a fusilar! El día del examen nos quitamos los zapatos y nos pusimos las prendas de vestir acordadas, y acto seguido nos vendaron los ojos. El examen duró una hora y 40 minutos, y no se habló una palabra. Fue un sensorama. A través de sonidos, gritos, juegos con temperaturas, posiciones, música, danza; nos sumergimos en un viaje desde la llegada de los europeos a Cuba hasta la fundación de la República. Cuando entramos al aula, enseguida sentimos el trinar de los pajaritos, el ruido del aire, y se nos iban mojando los pies. Estábamos llegando a Cuba. Nos estábamos encontrando con un medio especial. Me acuerdo de cosas tremendas como que nos encadenaron: nos convirtieron en esclavos. No nos dieron golpes, lo percibimos desde el sonido que simulaba el chasquido de los látigos. Estuvimos en un sarao. Tomamos guarapo, cortamos caña. Nos fuimos a la guerra, y sonó el clarín mambí. Se sintió el chasquido de los machetes, y el correr de los caballos. Se acaba la guerra, y suena el clarín del 20 de mayo de 1902. De buenas a primeras silencio absoluto, y entonces nos empezaron a dar vueltas y vueltas, hasta que nos marearon, y rápidamente nos destaparon los ojos. Justamente ante nosotros estaba un altar yoruba con un espejo muy grande, el cual contenía la frase: ESO ERES TÚ.