mayo - agosto 2017

Siuchén Ávila: el reconocimiento que yo me quiero llevar

Por: Yoan Manuel Pico Olivera


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Lamentablemente llegué tarde a Siuchén Ávila. La descubrí en el mismo momento en que decidió unirse a la compañía Endedans. De sus años en el Ballet de Camagüey no puedo decir nada: no conocí su Giselle, ni su Quijote, ni su Coppelia; sin embargo, su Giselle, su Quijote y su Coppelia están vivos en el público camagüeyano. Así lo afirma Enriquito, un balletómano exigente que de vez en cuando suele recordar sus funciones. La verdadera reseña sobre Siuchén está en esas cálidas evocaciones, la de Enriquito y la de otros muchos, como aquel abogado que la animó a dar siempre lo mejor, aunque bailara los viernes, aunque solo quince personas fueran a verla. Para ellos y para todos nosotros danza Siuchén, una mujer inteligente y sobre todo, capaz de ofrecer verdaderas lecciones de vida; entre estas palabras, yo encontré la mía.




Para muchos el mundo ballet está repleto de competitividad, incluso de malsana competitividad, ¿qué dice tu experiencia de primera bailarina?


La competitividad yo no la aplicaría únicamente al mundo del Ballet, sino a la vida del ser humano en sentido general. El que no compite no triunfa, malsana competitividad siempre va a encontrarse, ya lo repito, no es solo en la carrera del ballet, eso sucede en el deporte, sucede en la ciencia. Pero esa es la que crea un buen desarrollo. El que es fuerte, el que persevera, el que se impone a toda esa malsana competitividad, crece; el débil, pierde todo. Ese es mi punto de vista y nunca catalogaría la rivalidad del ballet como malsana porque la persona inteligente nunca la ve como mala, la ve como una prueba más, un desafío para imponerse ante otras que quizás no quieran verte crecer. Entonces es no ser débil, es ser fuerte y pensar siempre que no es una mala competitividad, para el que piensa con mente positiva esas cosas no son malas, esas son pruebas a las que uno se impone y tiene que ser valiente para rebasarlas. Es mi punto de vista.


Al responderme comparas al ballet con otras esferas de la vida. Quiero tensar más esa línea de razonamiento. Pongamos un ejemplo: un escritor, aunque no gane concursos y desarrolle su vida lejos de lo centros de poder puede encontrar sus espacios de realización, ¿sucede lo mismo en el caso del bailarín?, ¿no está pensado el universo del ballet para que solo brille una persona?


Esto es un problema de los gustos de los coreógrafos. El coreógrafo llega a una compañía, le gusta más determinado bailarín y lo escoge como destinatario absoluto de su trabajo. Vuelvo a repetirlo: está aquel que dice “hoy no me escogieron a mí, pero yo tengo que seguir creciendo porque hoy es ese bailarín y mañana puedo ser yo”; ahora, si tú te haces débil, si te sientes derrotado porque un coreógrafo vino y escogió a ese bailarín, entonces estás atentando contra la posibilidad de que mañana llegue otro y te escoja a ti. Pero como tú bien dices, hay puertas que se abren, quizás tu vida no estaba en ese lugar, entonces lo bueno que tiene esta carrera, es que te abre muchas puertas, muchos caminos; cuando tú creas que el lugar que ocupas no es el idóneo, búscate otro horizonte. No pienso que debas aferrarte a una sola cosa. Por lo efímera que es esta carrera te obliga a ser ambicioso y una ambición sana, no es desear que el otro se lastime. No, tu ambición es proponerte algo. Tú quieres ser bailarín, tú quieres ser una primera figura: crece, trabaja, porque el ballet sí tiene algo, el que trabaja, el que persevera, el que se propone las cosas siempre va a llegar a un buen lugar. Desgraciadamente quizás hay otras desventajas: una limitación técnica, pero la persona inteligente dice si yo no pude ser bailarín clásico porque me faltaron determinadas cosas, entonces me voy a lo moderno, me exploto en otra línea. Es perseverar, es proponerse las cosas. Y yo siempre digo: todas las experiencias son válidas. Tengo muchos amigos que estuvieron en compañías donde no brillaron y hoy en día les agradecen porque ganaron en experiencia, porque aprendieron de los buenos maestros, aprendieron de los buenos coreógrafos aunque un día no los escogieran, aprendieron de esa primera figura y fueron a ser primeros bailarines a otra compañía con la experiencia que recibieron de manera inteligente de este lugar donde no pudieron bailar como primeros bailarines.


Imagino que bailar con cuarentaiún años es algo complejo, están las lesiones y el adiós a una juventud muy exigida en un arte como el ballet. ¿Cómo se siente Siuchén Ávila en un momento como este?


Cuando pienso en los cuarentaiún años, en la lastimaduras, en la despedida de una juventud, pienso también en un aporte a la experiencia, en un desarrollo profesional, un camino vivido en la escena, entonces si voy a pensar en los cuarenta y uno siempre pienso de una forma positiva, la energía que nunca falló, la fuerza, la vitalidad, el explote de esa experiencia que es fruto de muchos maestros que propiciaron que yo fuera aprendiendo cada año el poder desarrollarme como artista, entonces no voy a pensar en lo doloroso del momento porque creo que uno lleva las lastimaduras de por vida. Creo que la juventud se acaba, pero ese momento se disfruta y el término de una juventud es la ganancia de una experiencia y esa es la que llevo a escena con cuarentaiún años, esa es la que me da fuerzas para decir: voy a seguir no hasta los cuarenta y uno, puedo seguir un poquito más y darle gracias a la vida por darme este cuerpo pues tengo la ventaja de ser delgada y tener unas condiciones físicas naturales y esa es una de las cosas que me ayuda a gozar de estos cuarentaiún años. Es decir que pierdo desde un punto de vista, pero gano desde otro, la propia vida me compensa.


Por otra parte pienso que la mejor forma en que un bailarín puede llevar su vida profesional es pensando que esta un día se va a acabar, entonces desde un principio hay que explotarla, asumirla, vivirla, para cuando ya tú creas que estás llegando al término de esa vitalidad, te quede toda la experiencia que vas a aportar a otros porque es muy lindo vivir la carrera, pero también es lindo poder aportarle a los demás, entonces es eso lo que vas viviendo, lo que quieres llevar cada día: el saber que otra persona, gracias a lo que tú has ganado en experiencia, al sacrificio, al profesionalismo, también va a crecer un día, más, más que tú.


Me hablabas de cuánto puede ayudarle a una maestra de ballet tener la experiencia de la maternidad, ¿sucede lo mismo con una bailarina en pleno ejercicio?


En mi caso particular me benefició porque toda la vida he estado consciente de cómo quiero llevar mis cosas. Por un momento fui estudiante y dije: quiero pertenecer al Ballet de Camagüey. Estuve en el Ballet de Santiago y aunque no me sentía mal, tenía una meta: llegar al Ballet de Camagüey. Yo trabajé para llegar al Ballet de Camagüey; cuando llegué allí me propuse trabajar muy duro, llegar a bailar las cosas que un día deseaba hacer y así mismo fui haciendo con mi vida. Mi primer embarazo llegó cuando iba a bailar Giselle, que es algo deseado por cualquier bailarina y para mí también lo era, pero llegó el niño y yo sentía que era una buena edad, que el ballet no acababa y que podía disfrutar de mi maternidad, disfrutar de un hijo. Todo está en la voluntad que tú pongas y la fuerza, yo decía, de todas formas un día voy a bailar Giselle, es algo que me propuse, es algo en lo que yo misma me fui encaminando. Y tuve mi hijo, pero desde que lo tuve lo empecé a llevar al Ballet; muchas circunstancias me obligaron a apoyarme en el Ballet para criarlo, la ayuda de Regina Balaguer fue muy buena en este sentido. En fin, todo eso me ayudó a que él comprendiera cuál era mi carrera y que entendiera que en algún momento yo lo iba a cuidar a él, pero también tenía que llevar una carrera de Ballet. Yo me decía, este sacrificio que yo hago de tener un hijo me tiene que hacer crear nuevos esfuerzos, voy a tener mi hijo como yo quise, pero no voy a dejar mi carrera, entonces tenía que sacrificarme doble y eso fue lo que hice. Cuando mi hijo tuvo como ocho meses o un añito se me volvió a presentar la oportunidad de hacer Giselle y arrastré el coche hasta el teatro y el Ballet, pero no dejé de hacer Giselle. Así fui creando mi vida, así tuve mi primer hijo, sabía que era una buena edad para recuperarme porque algunos médicos me lo decían, y no falló, fue verdad. Pude volverme a incorporar, hice ejercicios. Soy dichosa porque tengo unos hijos especiales, sus caracteres, sus formas de ser, me han ayudado a poder llevar las dos cosas a la vez.


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