enero - abril 2018

Qué es la distancia

para R.S

Por: Laura Domingo Agüero




1



Reparto físico como poemas,
eternidad,
eternidad,
en el calor de las cosas cercanas
que están siempre a la vista.
La muerte no enfriará este rostro
donde se tuercen las alas que han volado.
Eternidad,
en la herida blanca que dibujan los aviones
cuando un atardecer ha congelado en las nubes, la sangre.
Eternidad,
aquí doblo, en la misma esquina de las aves petrificadas,
sobre tus primeros ojos
en mi memoria. Eternidad
en la comunión del sol con los hilos de espuma,
en las tormentas de verano sobre los árboles
y el sexo.
Eternidad en la célula de las visiones.
En el llanto y la espera.
Eternidad en la espera
y en la desesperación.



3



Ha vuelto la oscuridad sobre esta habitación
tan clara,
tan blanca, donde tú permaneces,
en el rincón.
Y de repente te levantas,
cruzas las piernas, alzas un poco los párpados
y cada gesto tuyo se vuelve un torbellino de alfabetos.

Por la ventana entra el sol,
se extiende sobre las averías y cruje.
Así suena el vacío,
de un lado a otro algo muy tuyo
sin embargo, queda.
No sé si podrías reconocerlo.
Las cenizas en su lugar.
Y las lágrimas.



4



Hay un campo de alas sobre mi mesa,
un mausoleo sin mármol,
lápidas bajo la luz de los espinos.

Todo final es un fracaso, aunque sea hermoso.

No son alas de insecto, es un viaje desconocido
que termina. Una hermandad sin esperanza.



12



Nada es prodigio.
Toda huella es una labranza
y un embrión de futuro.

Por eso he caminado hacia ti
por el borde de esta playa
recogiendo cosas muertas
que hablan de lo que pudo ser salvado.

Yo vivo en una ciudad oscura
que alguien no recogió en la playa.



27



Esta es una isla, un trozo de firmeza entre las aguas.



37



Cuéntame que la luna es un péndulo,
que la vida florece, que hay música.

Descríbeme el peso del silencio,
háblame de aquello que lamentas,
de una negación en cierta parte,
de tus miedos, para que yo los cure. Háblame
sobre todo de tus miedos,
que es dónde existe la distancia.



40



Ciego de callar
y pobre sobre el mármol funerario,
triste, atrapado en habitaciones
donde el miedo arde como sal en las venas
o palabras que no llegan a su destino
y se parecen a todas las noches juntas,
mi rostro cuelga sobre lo que pudo ser.

Allí surgen tus manos para respirar conmigo.
Tus manos que saben de mi ser pequeño,
lo llenan todo
y hacen crecer la paz en la humedad de las pérdidas.

Entonces, si el mundo quedara en silencio
bajo tu piel, mis oídos se adelgazarían para escucharte,
pues sé que los finales son una invención humana
y todo lo que se quiere sobrevive
y es eterno
aunque no nos pertenezca.



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© Asociación Hermanos Saíz Camagüey. 2018
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