enero - abril 2018

Algunos apuntes sobre raza y cine en Cuba

Por: Yasser Socarrás


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Me daba vueltas en la cabeza la idea de que «hay dos cosas a las que tengo derecho:
la muerte o la libertad».
Harriet Tubman, luchadora negra


Luego del triunfo revolucionario en Cuba, el racismo y la discriminación racial eran aspectos de la realidad anterior que era necesario desterrar de nuestro entorno, fue así que el Gobierno Revolucionario decretó que este tipo de conducta era inaceptable en la nueva sociedad que se intentaba fomentar, estableciendo, prematuramente, este aspecto como resuelto. Esto trajo consigo que las formas visibles de expresión del fenómeno se soslayaran, pues la realización de cualquier acto de este tipo implicaba un delito y no tenía cabida dentro del proceso revolucionario. Desde una mirada epidérmica era otro lastre del pasado que había sido erradicado.



Esta ingenuidad fue un error del cual aún hoy, a más de cincuenta años de Revolución, se pagan las consecuencias. Después del 59 estos prejuicios raciales se redujeron a círculos más cerrados como fueron la familia, la subjetividad individual e incluso algunas instituciones, en los cuales era posible perpetuarlos de manera solapada. Todas estas circunstancias contribuyeron a que el tema del racismo y la discriminación racial en Cuba se convirtiera en un tema tabú, que aún hoy cuesta trabajo socializar y problematizar como amerita.


La problemática racial en Cuba no ha sido lo suficientemente abordada desde una perspectiva científica, que les permita a las personas interesadas en la temática armarse de algunas de las herramientas necesarias para afrontar dicha cuestión. En un principio la mayoría de los estudios relacionados con el tema eran básicamente realizados por cubanos radicados en el exterior o extranjeros, fundamentalmente estadounidenses, quienes por su condición de no habitantes en la Isla perdían de vista muchos aspectos importantes a la hora de plantear sus tesis. Pero más allá de esto resultaron aportes sustanciales y además se convirtieron en el reflejo de lo espinoso que era tratar el tema desde la Isla. Es necesario acotar que existe un grupo de intelectuales cubanos con una obra de suma importancia al respecto. Es el caso de Tomás Fernández Robaina, Sandra Morales, Esteban Morales, Roberto Zurbano, quienes han contribuido a que un sector importante de la intelectualidad y de la población comience a prestarle atención al tema. También es válido reconocer que instituciones como el Centro Memorial Dr. Martin Luther King Jr., el CITMA, el Centro Juan Marinello, entre otros, han contribuido a la visibilización del fenómeno.


En la actualidad el racismo y la discriminación racial no son solo una cuestión de herencia histórica que tiene su base en la formación misma de la identidad nacional, sino un problema que la sociedad cubana es capaz de reproducir.


Con el afán de lograr una igualdad entre los ciudadanos se olvidó al individuo y sus especificidades, sin tener en cuenta que el todo no es nada sin las partes. Se fomentó el ideal de identidad nacional como cubanos, y se dejó un poco de lado la identidad cultural individual.


En el caso específico del tema racial, una de las razones a las que se ha recurrido para mantenerlo velado radica fundamentalmente en el fuerte componente de división social que le es inseparable. Pero no ignorarlo es la única vía de tratar de alcanzar una verdadera identidad nacional que parta desde las individualidades y se sustente en la diversidad, para así desterrar las ideologías racistas y discriminatorias heredadas del colonialismo y del capitalismo, y eso solo será posible cuando cada grupo racial ocupe su lugar en la sociedad cubana actual.


La educación en Cuba ha sido otro de los factores que ha contribuido a reforzar y perpetuar esta idea que se tiene del negro. Se tienen como referentes las culturas greco-latinas, el Medioevo europeo y se ha excluido de nuestra enseñanza por mucho tiempo toda relación con las culturas africanas más allá de las referencias a los esclavos y a la religión. Desde hace algunos años, gracias al empuje de un grupo de intelectuales y activistas, esa realidad se ha matizado un poco. Se ha intencionado el estudio desde una perspectiva más amplia del componente africano en nuestra sociedad. Se le ha conferido mayor importancia a capítulos de la historia de Cuba como el de los Independientes de Color, que en una etapa estuvo prácticamente silenciado. Ello ha sido posible gracias, en buena medida, al impulso de personas como la cineasta Gloria Rolando, quien ha dedicado parte de su obra documental a abordar y difundir todo lo referente al Partido de los Independientes de Color. También se han reivindicado algunas figuras emblemáticas de las guerras de liberación nacional.


El desequilibrio en la representación racial en el país contribuye a reforzar paradigmas y modelos hegemónicos donde existe una supremacía blanca. En un estudio realizado por investigadores del Departamento de Etnología del Centro de Antropología de nuestro país sobre la persistencia o no de desigualdades sociales marcada por el color de la piel y sus expresiones más visibles, se llegó a conclusiones que pueden resultar para algunos asombrosas pero que no son más que el resultado de todo lo antes expuesto. Consideramos atinado revelar algunas de las opiniones dadas en un intento de clasificación de las personas negras. Dentro de las opiniones negativas se reiteran algunas como: « […] son ladrones, delincuentes; son violentos, guapos, conflictivos, bronqueros; son feos; se sienten culpables de ser negros, tienen complejo por su color; Negro, negrito, negrazo, turrututo, turrututú, ¿quién es el monito?»[1] En el caso de las opiniones «positivas» califican otras como: « […] son más inteligentes, creativos; son guaracheros, alegres, divertidos; son más fuertes; son deportistas; son más bonitos, elegantes; son más calientes»[2]. Tales opiniones, aunque no son la generalidad, sí constituyen el reflejo de por dónde anda la discriminación y los prejuicios en la Cuba actual.


Tomemos como punto de partida que la televisión, seguida del cine, son los principales puntos de referencia e imposición de patrones, sobre todo desde la perspectiva estética e ideológica. Salta enseguida una pregunta: ¿Son estos medios siempre verdaderos portavoces y trasmisores de modelos exentos de prejuicios y estereotipos? A pesar de los intentos que hace nuestro gobierno para que toda la sociedad se vea reflejada en los medios y puedan todos, por tanto, sentirse una parte importante en el proceso, se percibe una contradicción. Un ejemplo sustancial de esto es la ausencia casi total de protagonistas negros. Si bien en los últimos años se ha intentado que haya una mayor presencia de estos, sobre todo en los dramatizados en televisión, esta aún resulta insuficiente; y en la mayoría de los casos se refuerzan estereotipos negativos que han acompañado a las personas negras por siglos, cuando no, aparecen como una franca imitación del patrón de belleza y estético eurocéntrico.


Se contribuye así al aumento de la resistencia por parte de personas no blancas a asumirse como tales y eso tiene mucho que ver con que «el llamado blanco se identificó siempre con la riqueza, el control de la economía, el privilegio, la cultura dominante, el poder. El negro, por su parte, se identifica siempre con la pobreza, el desamparo, las culturas sojuzgadas y discriminadas, la ausencia de poder.»[3] Es por ello que gran parte de las personas negras no encuentran para nada ventajoso asumirse como tales.


Al hacer un recorrido de forma general por la cinematografía cubana, podemos percibir que en toda su historia es prácticamente nula la existencia de protagonistas negras y/o negros. Las contadas excepciones se dan principalmente en filmes con carácter biográfico o histórico ambientados casi todos en el período colonial, donde es imposible escapar de la presencia de negros. Sin embargo, en la mayoría de los casos, como argumenté anteriormente, casi siempre aparecen desde la posición estereotipada del esclavo o víctima de los peores maltratos físicos y morales, cuando no vinculados a las religiones afrocubanas, casi siempre con una mirada folclórica.



[1]. Rodrigo Espina Prieto y Pablo Rodríguez: «Raza y desigualdad en la Cuba actual», en revista Temas no. 45, La Habana, enero-marzo de 2006, p. 51


[2]. Ibídem


[3]. Esteban Morales Domínguez: La problemática racial en Cuba. Algunos desafíos. Editorial José Martí, La Habana, 2010, p.56


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