mayo - agosto 2017

Vacaciones de verano

Un perro bajo un hilo de sombra de una pared trata de mear, se espanta con los gritos de alguien pidiendo permiso para zigzaguear entre las personas que surcan las aceras. Varios niños piden ser llevados en brazos, aun sabiendo la reprimenda de ojos torcidos de sus padres, que necesitan un milagro para llegar a cualquier sitio que los ampare. Es 11:00 a.m. y ya se deambula sin brújula como todos los veranos, solo que cada vez hay menos orientación y un tiempo más reducido. (Jhortensia Espineta Osuna)


Sola, en casa, dedicaba jornadas a devorar con hambre juvenil páginas de libro. Recuerdo con fruición las dulces y frías de La montaña mágica. Las amargas de Crimen y castigo. Y una poco degustada, pero no menos exquisita: Las amistades peligrosas. Memorables páginas de Pierre Ambroise Choderlos de Laclos. Ese fue el amigo que casi me llevó a la tumba. No desayunaba, no almorzaba. Los fines de semana no ingería sino refresco y algunos mendrugos de pan. La vista se me nublaba, creía que era un efecto secundario de la profunda lectura realizada. Nunca se me ocurrió reflexionar en el complejo ejercicio de abstracción que hacía mi mente con escasos recursos energéticos. Así devoré las más extensas novelas con que cuenta mi biblioteca mental. Esa que se pone a prueba mientras imparto clases en mi taller, cuando converso con un amigo o cuando alguien, de mala fe, quiere comprobar lo que me falta. Cierto, mucho me queda aún. Moriré incluso, y no habré devorado las mejores páginas. Pero pienso cual Virgilio en su cuento La Montaña, que esta, de mil metros, ha ido perdiendo redondez y altura. Nadie querrá admitir que he sido yo su devoradora. Ese verano casi muero de inanición. Pero nunca me faltó el alimento. (Evelin Queipo Balbuena)


Cuba es un eterno verano, si por ello entendemos la presencia de un clima ideal para ir a la playa. No importa que la playa quede en ideal o en el mejor de los casos, en unos instantes costeados con el más grande de los esfuerzos. Pero volvamos al calor, al insoportable calor de nuestros días. Confieso que he llegado a envidiar algunas ciudades europeas, con sus graciosos aspersores, sus fuentes y sus miles de individuos prestos al chapuzón. Ah, pero allá hay olas de calor, aquí no, aquí nadie tiene el derecho a derretirse, al menos hasta que no lo autorice Rubiera[1]. Nada, mi amigo, que Cuba es un eterno verano, pero esto, como todo, cada día se vuelve más problemático. (Yoan Manuel Pico)


Jose trajo vino y dulces, Malcom y Mire brindaron su sala y ese capuchino que tanto bien me hace. Yo llevé mi risa, la de siempre, la que quienes me conocen de años recuerdan y que, sin embargo, a mí misma me sorprendió. No recordaba haber reído tanto en un buen tiempo… Y Jose y yo nos sentamos de nuevo uno al lado del otro, lo que al revés. Antes, en el pre, yo iba a su izquierda. Pero fue el único detalle distinto: fue como retomar una conversación interrumpida una tarde cualquiera. Hablamos de tantas, pero tantas cosas… De Canadá, por supuesto, de esos ocho años suyos allá y de los nuestros acá. De nuestras mocedades fue de lo que tal vez conversamos menos. Y fue mejor así, tenemos un pasado juntos, es cierto, pero fue mejor sabernos amigos en el presente, y en el futuro. Todo mi verano cabe en esa tarde. De lo demás… De lo demás prefiero no hablar. (María Antonia Borroto)


Durante muchos años los maestros de Lengua Española iniciábamos cada curso escolar pidiendo a los estudiantes que escribieran una composición titulada "Mis vacaciones". Los más avispados ya la dejaban escrita desde junio. Treinta y tantos años después de practicar tamaña alevosía, tengo tarea para hoy: escribir el párrafo sobre mis vacaciones. Aquí les va: En mis vacaciones de junio fui a Miami. El día del cumpleaños de mi hermana la invité a almorzar en el restaurante Casa Panza, situado en la Calle 8, in The Little Havana. Allí aguardan el Quijote y Sancho en hermoso bronce bruñido. Comimos cordero al vino acompañado con cerveza española. Allí abracé a Antolín El Pichón, El Guajiro de Manacas, como si fuera mi mejor vecino de toda la vida. Unas semanas después, Paul McCartney dio un concierto espectacular. En el Stadium de Los Marlins, los Todos Estrellas del béisbol hicieron de su talento una fiesta. A finales de julio, en el American Airline Arena se enfrentaron el Barcelona y el Real Madrid. Allí estuvieron Leo Messi y Neymar —Cristiano Ronaldo no asistió. Todo un lujo mis vacaciones. Parecía un sueño inalcanzable. En efecto; no me pude pagar este sueño. Lo único gratis fue el abrazo de Antolín El Pichón...y el de mi hermana. (Belzaida Ochoa Pupo)



[1]. José Rubiera es uno de los meteorólogos más prestigiosos de Cuba y, por años, el encargado de la sección dedicada al pronóstico del tiempo en el Noticiero Nacional de Televisión.


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© Asociación Hermanos Saíz Camagüey. 2017
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