enero - abril 2018

Una calle, una plaza…un sueño

Ah los alegres vecinos cuyas casas colindan con el malecón principeño, ¿tendrán tiempo de solazarse con las cristalinas aguas o estarán ocupados en la dura pesquisa del pan diario? Pero si miraran, si a la hora en que todo convida a la deleitosa contemplación uno de ellos cediera a los placeres de la metafísica… ¿Se imagina usted los riesgos de semejante posibilidad?, ¿qué vamos a hacer si a cada principeño le da por filosofar? No, no exagero, ¿acaso no queremos que la ciudad mire a sus ríos?, pues también tenemos que contar con que se mire a sí misma. De allí a los peligrosos laberintos de la reflexión no hay más que un paso. Ay, amigos, ¿y si ese paso se da? Será imposible montar un bicitaxi sin que su chofer te agobie con los razonamientos de Nietzsche o con la utilidad de la filosofía marxista. No sé a ustedes, pero nos parece que hay mucho riesgo en eso de que la ciudad mire a sus ríos, mejor que lo haga dentro de los panzudos tinajones o hacia el interior de las tiendas, como hasta ahora. ¿Qué crees tú, Heráclito? (Yoan Manuel Pico)


Hay dos nuevos museos en Camagüey, ambos en la calle Independencia. Uno está próximo al Parque Agramonte, de apertura muy reciente y objetos multicolores, llamativo y encristalado. En todos estos días me ha sido imposible caminar por la acera y no mirar; hoy, finalmente, he decidido entrar. El concepto museográfico no me queda muy claro, pues la vista no sabe muy bien dónde detenerse, aunque sí debo reconocer que las piezas —que, a diferencia de otros lugares, sí pueden ser tocadas—, están debidamente señalizadas, aun cuando sea casi difícil conocer su valor real. Muchos se acercan, en actitud más o menos similar a la mía, con un silencio respetuoso: no siempre podemos estar cerca de tan genuinos valores culturales. Lo sabemos bien, y es por eso que casi contenemos la respiración. Algunos emiten sonidos de asombro, pues no imaginaban algo así. Mientras tanto, siempre con las manitos en la espalda —como me enseñara mi mamá— admiro el testimonio que, como en todo museo, evoca otras vidas, y mentalmente, siempre mentalmente —la más leve palabra profanaría el recinto— saco mis cuentas… siempre por 25: ese es nuestro número mágico. ¿Lo sabrá GIORGIO G? (María Antonia Borroto)


Se hace imposible imaginar la plaza sin sus dos hombres: plaza de adoquines y abrevadero, de iglesia y oración, de tejados y callejuelas. La plaza, que antes y después, dio susto a los soldados del rey. Mi espacio favorito. Aún llego y veo, y escucho, la hidalguía del uno y el arrastrar de los pies cansados del otro. Nada ha cesado en el tiempo. Ellos están en la memoria y ella en el sueño inagotable de los camagüeyanos que lejos desandamos otras tierras. (Mercy Companioni)


Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que… habita en nuestros corazones, desde que vio aquel joven estudiante a nuestras "Damas Carias" padecer. Hoy que nos permiten soñar desde estas líneas y ya con nuestro talón izquierdo fuera de la Isla pura desventaja; rescatarlas sería la gloria para nuestra clásica estirpe arquitectónica. La Avenida de los Mártires es testigo en el siglo XXI de su secuestro, su ostracismo, su pétreo dolor y deterioro. Nuestras Cariátides esperan por su redentor; sus mejillas empolvadas, sus cuellos quebrados, sus ruinas nos desafían. Cuántas batallas perdidas junto a ellas, por ellas. Cuánto reclamo y ofrenda hecha por sus vecinos a todos los altos del Olimpo, mientras esperan en su interior, bajo amenaza de muerte de sus hijos, que nuestro Erecteión se convierta nuevamente en templo de amor y vida. (Yosmel Díaz Pérez)


Dos años, dos meses y diecisiete días después, regreso de la mano de Mi Bonita: mi nietecita Isabella. No traigo muchos regalos. Apenas una bolsa llena de libros. Mi libro. Dejo atrás la soberbia belleza azul del mar, los verdes islotes, el ensueño multicolor de las nubes, la fascinación por la cercanía del Sol —tanta luz! De momento se desparrama ante mí mi Patria toda: la tierra colora, el verdor de las palmas y los sembrados. Rompo a llorar...Sobrevuelo la casa de Mi Hada Madrina, la casa de este Hombre que vino a buscarme a mi puerta, la casa de Mi Madre y Mi Padre: Mi Casa. Atisbo los tejados de genuino barro, adivino las plazas, las iglesias, los parques. Ya estoy sobre la Vocacional, la Tínima, el aeropuerto...Tantas veces soñé besar esta tierra... Cumplí mi sueño: volví. Volví de la mano de Mi Bonita. Volví con mi libro en mis manos. Besé mi tierra, mi familia, mis amigos. Les regalé mi libro. (Belzaida Ochoa Pupo)


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© Asociación Hermanos Saíz Camagüey. 2018
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