abril - junio 2017

Panel: Cuentapropismo y cultura.

Participantes: Malcom Calvo Llorela, Ernesto Antonio Figueredo,
Yoan M. Pico
Moderador: María Antonia Borroto


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María Antonia Borroto: Este es un Día de La Liga muy especial, pues vamos a debatir un tema que nos preocupa y que, sin embargo, no suele asociarse con la agenda de las instituciones culturales. Le hemos denominado “Cuentapropismo y cultura” para recalcar no solo el hecho de que ni Yoan ni yo somos economistas, sino porque nos parece que el tema debe ser discutido más allá de sus implicaciones económicas. Tampoco queremos verlo circunscrito a las dinámicas que puedan generarse en el Ministerio de Cultura con el afianzamiento del llamado trabajo por cuenta propia.



Mi papá siempre fue cuentapropista. Esto es algo que yo no hubiera confesado unos años atrás. El propio Malcom, a quien conozco desde la adolescencia, probablemente no lo supo en ese entonces. A mí papá, que se sintió discriminado y ya tiene 90 años, le llama la atención este viraje al respecto en Cuba y al mismo tiempo dice no tener mucho que ver con la manera en que algunos cuentapropistas se ven a sí mismos. En su lógica un trabajador por cuenta propia debe brindar un servicio determinado y, obviamente, cobrar por ello. Pero de allí a pensar primero en el dinero y casi nunca en el cliente, a ver precisamente en el cliente muchas veces a un enemigo, a alguien a quien sacar dinero a toda costa, hay una gran distancia. Esa es una de las realidades del trabajo por cuenta propia hoy en día, mas, obviamente, no la única. Para analizar el asunto en algunas de sus múltiples aristas La Liga ha invitado a Malcom Calvo Llorella —miembro de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales—, y a Ernesto Antonio Figueredo, ambos con amplia experiencia en la asesoría a trabajadores por cuenta propia.


Malcom Calvo Llorella: Cuando se habla de actividad económica no estamos hablando simplemente de economía, de producción de bienes materiales, de dinero; estamos hablando también de cómo se conforma un imaginario, una manera de entendernos como personas, de entendernos como país. Alrededor de esto me parece interesante una idea de un sicólogo organizacional llamado Edgar Schein,a propósito de la cultura —y aquí pido, por favor, que obviemos la idea de que cultura tiene que ver solo con la poesía, la música, el ballet…, pues estamos hablando de mucho más—, la idea de este autor es que la cultura es un conjunto de creencias, presunciones básicas que condicionan en un grupo social determinado las maneras de sentir, pensar y actuar, y que van determinando el modo en que producen y evalúan las situaciones en que deben moverse y cómo resuelven los problemas de adaptación e integración como grupo, en un espacio geográfico y cultural determinado.


Comento esto porque alrededor del trabajo por cuenta propia —o las nuevas formas de gestión no estatal, no tan nuevas, porque las cooperativas existen desde hace tiempo—, se han tejido una serie de mitos. Son creencias muy simpáticas, como que para que algo funcione tiene que ser privado, o sea, suponer que por el solo hecho de ser privado algo debe funcionar bien. Algunos creen que a una persona con dinero que comience un negocio debe irle bien. Por no hablar de otro mito muy extendido: que todo el que tiene un negocio automáticamente tiene dinero, o sea, se vuelve alguien que está por encima de cualquier realidad.


Muchas personas valoran a los cuentapropistas de esta manera, sin preguntarse cuántas horas dedican al trabajo, cuántos sacrificios hacen desde el punto de vista personal. Hay muchos prejuicios en la manera en que institucionalmente y en el discurso público se habla de la actividad: en un momento determinado se le llama formas de gestión no estatal para entonces sugerir que hay ilegalidad, que hay actividad subterránea y por otra parte se utilizan expresiones como: «qué bien lo que están haciendo», «van a renovar ciertas y determinadas cosas», «van a ser un elemento dinamizador de la economía cubana»; en fin, son muy contrastantes las maneras de entender esto.


Me parece importante reforzar una idea y es que no basta con tener dinero para empezar un negocio. Estuve mirando en unas estadísticas que en el 2011, cuando se hizo la gran apertura al trabajo por cuenta propia y se dio la visión de que era la solución al problema laboral que se generaba en Cuba a partir de la necesaria reducción de plantilla, hubo un crecimiento que llegó a cerca de quinientos mil trabajadores por cuenta propia, pero al mismo tiempo hubo una gran entrega de licencias, alrededor de doscientas mil personas dejaron de ejercer el trabajo por cuenta propia, los argumentos: «esto no es como yo pensaba», «esto no da», «los impuestos son demasiados»… Cuando se profundizaba un poquito más comenzaban a aparecer cuestiones como: «yo no estaba preparado para esto», «esto es más difícil de lo que yo me imaginaba», «había cosas que yo no sabía», «yo no sabía calcular los impuestos, ni administrar el dinero».


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