La historia del parque municipal de Florida no se detuvo. Sus aceras continuaron su misión de atestiguar la historia de la localidad. El triunfo de la Revolución de enero de 1959 y las profundas transformaciones que en las relaciones sociales y los modos de pensar y actuar hicieron que la función del parque alcanzara otra dimensión.
Los principales clubes sociales durante la época de la neocolonia encontraban espacios en las calles que bordean el parque. Así de manera independiente se reunían los negros para dar sus fiestas y celebrar sus cumpleaños o bautizos. Los chinos tenían su espacio en las cercanías del parque a donde convocaban a los miembros de su sociedad para desarrollar las actividades propias a su cultura y su grupo.
El parque desde entonces fue diferente. Aquellas conductas exclusivas desaparecieron para siempre y sus áreas se convirtieron verdaderamente en un espacio común. De allí partieron las grandes movilizaciones hacia las campañas de Alfabetización o hacia el campo para cumplir los compromisos productivos de la zafra o las labores de la agricultura.
De allí salen desde hace mucho tiempo los estudiantes que por primera vez entran a las escuelas internas, como parte de los grandes planes de becas que también la revolución implementó después de enero del 59. Allí se reciben a los artistas, se condecoran personalidades, se agasaja a hijos ilustres de esta tierra. Allí se reciben a los médicos que regresan de cumplir las misiones internacionalistas como parte de ese proyecto hermoso que es el ALBA.
Ahora el parque José Martí de esta ciudad recibe una necesaria restauración que lleva la sustitución de sus bancos y la colocación de luminarias, así como el mantenimiento de áreas aledañas. Desde allí siguen tejiéndose los sueños de los hijos de este pueblo.
El espacio es el sitio ideal para que se escapen los besos, para que se propicien los encuentros, para que se den los homenajes. El tiempo también pasó para un parque que sigue estando en el centro de la vida de una ciudad añeja. |