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jueves, julio 29, 2021

Entregan en Camagüey premio del Salón de la Ciudad

Camagüey- Apunta a una tendencia: por tercer año consecutivo el paisaje gana el primer premio del Salón de esta Ciudad, y en ese tiempo, el joven Jorge Luis Pulido Álvarez (Camagüey, 1990) lo ha conquistado dos veces.

Este año retomó su buena racha con la obra No. 1, una pieza de 25 por 18 centímetros, pintada con tinta sobre cartulina y perteneciente a la serie Volcanes y ballenas cultivan un cuerpo.

Entornos surrealistas donde sanar la realidad con el sueño de un mundo mejor han caracterizado la poética de Pulido o J.PULISHK (su nombre artístico), tanto que vuelve a sobresalir en un lapso brevísimo.

En el 2019 con el tríptico La prueba del sueño prevaleció en este concurso convocado por la galería Alejo Carpentier, uno de los primeros espacios expositivos de peso en el principio de la carrera de muchos artistas.

“El Salón de la Ciudad es un enlace entre artista y público. Además se busca conocer la historia del proceso creativo, y lo que caracteriza la obra, aunque de cierta forma, (y no de forma egoísta) trabajo para mí”, comentó a Adelante Digital.

Para él, un instructor de arte, ha sido importantísimo por lo significativo de conquistar la institución servida en bandeja para los graduados de la academia tradicional, como si el título de esa escuela fuera garantía del talento.

Pertenece a una generación de creadores entusiastas y laboriosos que ha desmontado los prejuicios hacia los “artistas de la calle” como se nombra a quienes no estudiaron en la academia, y por tanto, han tenido muchas trabas para gestionar su carrera en el circuito legitimador.

“Nada me complace más que navegar por ese mundo que estoy elaborando meticulosamente para autocomplacerme, y luego seguir soñando”, enfatizó Pulido, miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

En el caso del Salón de la Ciudad de Camagüey es curioso lo que está ocurriendo. El año pasado ganó un señor de 57 años nombrado Guamá Domínguez Valero, con 30=6×5/Onírico, fruto de sus ratos libres porque de cartero pasó a dedicarse a hacer carbón.

Al parecer, para los jurados de una ciudad aferrada a la tradición, hay que saber pintar de oficio y no de título; además, concebir una obra que comunique sin artificios los sentimientos, las preocupaciones y las utopías de sus autores.

Tal vez desestime otras cuestiones del concurso, como el monto de los premios, o las subjetividades de los organizadores, sin embargo, la alegría con la que jóvenes y consagrados celebraron el retorno del Salón a la “Alejo Carpentier” en el 2020, gracias a la reapertura de la galería, también evidencia el valor que el gremio concede a este espacio institucional.

Por Yanetsy León González/ Adelante

Foto: Cortesía de J.PULISHK