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sábado, julio 13, 2024

Eneida Sosa, la voz de un corazón entero

Eneida Sosa Cardoso, mujer de ciudad que porta de manera auténtica la música campesina. Adelante celebra la obra de su vida e invita a su próxima presentación en la sede de nuestro periódico, este lunes 13 de mayo a las 10:00 a.m., en la apertura de la exposición pictórica Otra bella cubana, de Luisa Morell.

Hace poco contamos de cuando cumplió un sueño al cantar acompañada por un mariachi. Fue una mañana hermosa tocada por su voz y sabiduría en el inicio de la Fiesta Provincial de la Música, desarrollada en abril.

Aquello fue una sorpresa, porque la Dama de la Tonada solo pensaba conversar en el Museo Provincial Ignacio Agramonte acerca de instrumentos y géneros de la música campesina, y de paso señalar la falta de apoyo institucional y de tradición con ese patrimonio en el territorio.

Eneida improvisa desde los cinco años: “En la escuela me decían Galleguita porque tenía el seseo. Pablito Milanés también tenía ese problema”.

Aseguró dominar unas 300 tonadas y demostró a capela la de tipo menor libre. Luego, acompañada por un laudista y una guitarrista, hizo una matancera y una camagüeyana: “Es difícil porque lo que memorizas es la melodía, no la letra”.

Su epíteto fue idea de un poeta de Sibanicú: “Grabiel Llanes me bautizó como la Dama de la Tonada”. De él interpretó una décima para demostrar la tonada menor, los giros melódicos que vienen de la copla española.

Para los otros ejemplos rememoró sus seis años de residencia en Matanzas donde le gente, aseguró, deja una función en el teatro por ir a una canturía. Fue un tiempo de aprendizaje.

En nuestro Museo y con el estilo de la tonada matancera cantó Viajera peninsular, décimas del Indio Naborí; e hizo su antológica camagüeyana luego de una anécdota de añoranza en la Atenas de Cuba, aunque allá fuera consentida, amada.

“Matanzas me entregó un legado de tonadas. Aprendí mucho de Fernando Murga acerca de la improvisación y la décima. Allá, yo no decía “Oigan bien…” sino “Camagüey…” de lo mucho que extrañaba mi tierra”.

Ya de vuelta a casa, Eneida continuó irradiando. Con el pretexto de los 35 años de carrera, en abril del 2022 se organizó la primera jornada campesina Guateque de la llanura.

Por ella, con ella, hace falta una fiesta extendida que transmita de manera constante las esencias de la identidad cultural cubana.

Es curioso cómo Eneida mantiene ese espíritu de cuerpo en las redes sociales, particularmente en Facebook, donde suele ejercitar la décima, pero no como alarde de quien domina la técnica de la improvisación, sino como el caudaloso río de afectos que fluye en versos.

Al cierre de la exposición en el Museo apareció el Mariachi Nuevos Aires. El director puso a disposición el micrófono para que interpretara con la agrupación el bolero ranchero Si nos dejan, del compositor mexicano José Alfredo Jiménez.

Y si a Eneida Sosa la dejan, recuperaría el programa Amorosa guajira que transmitían por Televisión Camagüey, y pondría en un horario más adecuado el espacio Mural campesino de Radio Cadena Agramonte.

A propósito del espacio en los medios y los colaboradores, cada domingo ve Palmas y Cañas y sabe que aquel, hecho en La Habana, “es apoyado de verdad por la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, la ANAP”.

Recuerda como si fuera ayer el primer Amorosa: “Lo hicimos en la finca de los Massip, con Papito García y Juan González”. Todavía conserva su bata cubana, lucida en diferentes escenarios, y ajustada a la talla actual porque de aquel entonces a hoy, bajó 90 libras.

Ella haría más si la tuvieran en cuenta: aceptaría cada invitación a eventos, grandes o pequeños; impartiría con niños y jóvenes el taller que una vez se propuso con repentistas a través de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

El año pasado, de visita por Canadá, cumplió otro sueño: probarse en un escenario internacional. Invitada a la Fiesta Hispánica, para un público angloparlante, fue especialmente aplaudida.

Con el grato sabor de esa experiencia, la Dama de la Tonada da otra lección de vida antes de la reverencia a ese modesto público en la salita del Museo: “Cuando una mujer pierde lozanía no la buscan. Yo estoy dispuesta a compartir, a enseñar lo que sé. El corazón de Eneida está entero todavía”.

Por Yanetsy León González/Adelante

Foto: De la autora