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Un monumento en bronce para la hermosa figura del Bayardo cubano

Monumento a Ignacio Agramonte Manifestación: Patrimonio 

Vale recordar que este espacio constituyó el origen del núcleo urbano y social primigenio de la villa de Puerto Príncipe desde el año 1528; contaba la plaza de mayor extensión, pero desaseada y debió reunir escasas viviendas de muy simple arquitectura.

Sin embargo, en breve tiempo, cambió este entorno y reunió a pobladores criollos quienes, por alto sentido de apego al terruño, fueron capaces de defenderlo de piratas invasores y convertirlo en la plaza más importante de la Villa y punto desde donde cobró desarrollo la trama espontánea e irregular del resto de las calles principeñas.

Desde ese tiempo de larga duración histórica se le ha conocido con los nombres de Plaza Mayor, de Armas, de la Constitución, del Recreo y de la Reina, hasta que la voluntad popular determinó que fueran reemplazados los hitos tradicionales y culturales de la hispanidad colonial por las autoridades y estas fijaran el nombre de Parque Ignacio Agramonte en enero de 1899. 

No fue en modo alguno un hecho fortuito que el Consejo Territorial de Veteranos de la Independencia escogiera este espacio de máxima centralidad urbana del Camagüey para levantar la estatua ecuestre dedicada a perpetuar el recuerdo del Mayor Ignacio Agramonte y Loynaz, el 24 de febrero de 1912. 

Simultáneamente se trataba de un hondo tributo de los hijos e hijas de la tierra agramontina al reinicio de la guerra por la emancipación nacional que genialmente había organizado y conducido José Martí y cuyo estallido había ocurrido en varios puntos de la Isla en 1895, como se conoce, suceso secundado por algunos de los Pinos Viejos y Pinos Nuevos de la región camagüeyana, a la cabeza de los cuales marchó Salvador Cisneros Betancourt.

Merece subrayarse que se debió a la iniciativa del matancero Raúl Lamar Salomón, quien fungió como Director de la Sociedad Popular de Santa Cecilia por espacio de una década, la realización de "un monumento en bronce que perpetuase para las generaciones venideras la ingente y hermosa figura del Bayardo cubano, del héroe gloriosamente caído en Jimaguayú, Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz", según quedó escrito en la: Memoria de las gestiones y trabajos realizados por esta sociedad desde 1902 (…).

Se sabe igualmente que el 20 de mayo de ese año fue colocada la primera piedra para la realización del conjunto escultórico.

El alcalde Pedro Mendoza Guerra había sugerido tomar "por modelo de estatua de Agramonte, a la que de Simón Bolívar existe en la ciudad de Caracas, la cual, a juicio de los inteligentes es una de las más notables que existen en el mundo", detalle poco conocido y menos divulgado en nuestra Historia Regional, de esa hermandad natural entre la Venezuela Bolivariana y el Camagüey Agramontino.

Hay que señalar que si bien el proyecto inicial de la obra contempló realizarla en el Casino Campestre de nuestra ciudad, dicha idea no ganó mayoría entre camagüeyanas y camagüeyanos, como si se pretendiese llevar al héroe más adentro del corazón de su ciudad.

Tantos esfuerzos quedaron coronados en aquella mañana del 24 de febrero de 1912.

Desde las ocho de la mañana, el público fue colmando los laterales y accesos del Parque Agramonte. Entre tanto la Banda Municipal interpretaba melodías.

A la par en los salones del Liceo, adornado su balcón con los colores nacionales, las personalidades e invitados aguardaban por el comienzo del acto.  Entre las primeras, figuraron los generales Javier de la Vega Basulto, Lope Recio Loynaz, Maximiliano Ramos Gonzáles y Eugenio Sánchez Agramonte.  Los dos primeros, antiguos jefes del Tercer Cuerpo Ejército del Camagüey.

Jorge Roa Reyes, hijo de Ramón Roa, quien llevara el Diario de Campaña del Mayor, igualmente estuvo entre los asistentes.  También Salvador Cisneros Betancourt, integrante del Senado cubano y José Francisco Martí, hijo del Apóstol de la independencia cubana José Martí, quien fue acompañado de su madre Carmen Zayas-Bazán.  Entre otras dignas camagüeyanas se ubicaron Gabriela de Varona y Varona y Ángela Malvina Silva y Zayas, de heroica trayectoria de lucha.

A las ocho y treinta minutos todo estaba listo para dar comienzo a la ceremonia.

Después de las nueve campanadas ofrecidas por la iglesia Mayor, exactamente a las nueve de la mañana, el corneta que sirviera a las órdenes del Mayor, Juan Antonio Avilés, efectuó con el clarín mambí el toque de Atiendan Todos.  Seguidamente la Banda del Cuartel General de la República bajo la dirección de José Marín Varona interpretó los acordes musicales del Himno Nacional. 

De inmediato Amalia Simoni, viuda del general Ignacio Agramonte, tiró de la cuerda que sostenía la tela de la Enseña Nacional que mantenía cubierta la estatua ecuestre y mientras era seguida de cerca por su hija Herminia Agramonte, Raúl Lamar Salomón y demás miembros de dicha entidad.  Solo los aplausos de los asistentes y el repique de las campanas de las iglesias de la ciudad interrumpieron este especial instante de silencio.

Walfredo Rodríguez Blanca, respondiendo al encargo de la Directiva de la Sociedad Popular, entregó oficialmente el monumento al alcalde municipal mediante acta notarial redactada y firmada en el lugar por las más significativas personalidades.

Es justo señalar que la forma y belleza de la obra escultórica, a partir de este momento, revolucionaron todo el espacio y dialogaron formal y estéticamente con la armonía y equilibrio representado entre los exponentes de la arquitectura tradicional del entorno del parque, resignificando, con ello, la camagüeyanidad, cubanía y el valor político y simbólico del espacio, por demás, atrayendo sobre sí, desde todas partes de la ciudad, la atención y el amor de sus habitantes para admirar la "serena belleza del arte" y que este cumpliese el cometido de la educación popular.  

Como parte de la ceremonia fue colocada una hermosa corona de laureles por los generales Manuel Suárez Delgado, Lope Recio Loynaz, Maximiliano Ramos Gonzáles y Eugenio Sánchez Agramonte, sobre la figura de bronce que representa la Libertad.  La cinta verde que adornó la corona contenía la inscripción: "Homenaje al héroe, el Liceo de Camagüey".

Enjundioso con todo tipo de detalles sobre este acontecimiento, el periódico El Camagüeyano, en su edición del lunes 26 de febrero, nada reseñó sobre el supuesto desmadejamiento temporal que se rumoró más tarde presentara Amalia Simoni en ese instante de tanta emoción para ella.  La dama había estado inquebrantable al pie del recuerdo de su idolatrado.

Correspondió seguidamente al vocal de la Sociedad Popular de Santa Cecilia, Walfredo Rodríguez Blanca pronunciar las palabras para la ocasión, en representación de la directiva de esa prestigiosa sociedad cultural.  A continuación la Banda del Cuartel General interpretó la obertura militar "Patria", de la autoría de Marín Varona y obra homenaje al Mayor Ignacio Agramonte. 

A esta pieza siguieron las palabras del Dr. Alfredo Zayas Alfonso, en representación de la presidencia de la República.  Tras su intervención, la Banda del Regimiento Nº 3 de la Guardia Rural interpretó la obertura de la obra "Guillermo Tell", a su vez la Banda del Cuartel General volvió a obsequiar otra pieza musical al público.

Prestigia la cultura de un pueblo el haber conservado y defendido por años esas glorias históricas y este Parque Agramonte como "espacio de mayor connotación histórica donde se instauró la Plaza de Armas", según puede leerse en una de las dos tarjas develadas el 2 de febrero del 2009, en ocasión del 495 Aniversario de fundación de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe y momento en que le fuera entregada oficialmente a la ciudad la Declaratoria de Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

Pasados ochenta y cinco años después de aquel acto fue creada la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, entre cuyos nobles propósitos figura, precisamente, velar por el Patrimonio Histórico–Cultural para enaltecer los rasgos de la Identidad Camagüeyana.

Con esa facultad conferida por el Estado Cubano y por la suma de esfuerzos de sus obreros y especialistas, fue posible la rehabilitación del Parque Agramonte, espacio de tanto simbolismo histórico y patriótico y entregarlo para su disfrute y cuidado a las presentes y futuras generaciones de habitantes de esta ciudad.

Cabe igualmente a nuestras niñas y niños, a las jóvenes y los jóvenes, a toda la ciudadanía, conocer de estos hitos históricos para poder defender y honrar estos valores legítimos de la nación cubana.

Esta historia debemos hacerla presente cada día en nuestros recuerdos y en la actuación permanente como hijos buenos del Camagüey; no basta sentirnos orgullosos de contar con este fragmento honroso.  Por esa historia debemos seguir llevando hasta la victoria siempre al Camagüey, junto al Comandante Fidel Castro y a su Revolución invencible en Cuba Libre.

¡Gloria eterna al Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz!

Autor: M.C. Fernando Crespo Baró / Tomado de www.ohcamaguey.co.cu, Palabras de homenaje en el duodécimo aniversario de la Oficina del Historiador de Camagüey. (Fragmentos).