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Traslado a la villa de Puerto Príncipe de la Real Audiencia de Santo Domingo

Proclamación de la Real Audiencia Manifestación: Generales 

En realidad las primeras noticias sobre la probable ocurrencia del traslado de la Real Audiencia de Santo Domingo a Puerto Príncipe eran conocidas de antemano en la villa.

En 1787 el Regidor y Síndico General José Joaquín de Varona solicitó al Ayuntamiento, sabido el parecer de las máximas autoridades coloniales, que "(…) se estableciese una Real Audiencia dentro de la Isla [de Cuba], como quede subsistir este numeroso vecindario bajo la jurisdicción y conocimiento de la de Santo Domingo, en los recursos se le sigue la grande distancia en que se haya y que aumenta la necesidad a deber viajar a la Ciudad de La Habana [distante de aquí por más de cien leguas] para esperar allí la proporción de conducirse el interesado a la de Puerto Rico y de esta a Santo Domingo y de aquellas a éste (…)" (1)

No solo la distancia y demora de los procesos servían de argumentos para justificar el traslado, sino el "considerable costo de los trámites y de navegación de más de quinientas leguas de un país a otro", "demora de matrimonios", entre otros inconvenientes. Los solicitantes insistieron al rey español que si había accedido a la creación de la Audiencia en Caracas igualmente debía satisfacer dicha solicitud de traslado.

Definitivamente el 27 de noviembre del año 1797 por Real Auto del 23 de mayo fue dispuesta la traslación de la Real Audiencia Dominicopolitana –la más antigua de Hispanoamérica– del distrito administrativo de Santo Domingo a la villa Santa María del Puerto del Príncipe, noticia conocida por los principeños desde el día 8 de ese propio mes.

En aquella fecha y en la sesión ordinaria del gobierno se dispuso que "(…) no solo le previene su Excelencia [el Rey] trate en este Ayuntamiento el modo de proporcionar alguna casa a propósito para aquel establecimiento y si el edificio que servía de Colegio de los Ex Jesuitas se halla en estado de poderse echar mano de él para el expresado fin (…)" (2)

Finalmente en el año 1800 fue trasladada a Puerto Príncipe la Real Audiencia, traslación que estuvo precedida de varios y acalorados debates en el seno del Consejo de Indias, el 23 de abril de ese propio año, debido a la voluntad de pretender concentrar todo el poder en los Capitanes Generales y así tratar de restringir preventivamente y disminuir el que ya detentaban con suficiencia, desde su larga duración histórica, los cabildos regionales cubanos.

Conociéndose que la gran familia de terratenientes eran los mismos miembros de la oligarquía criolla local y simultáneamente funcionarios del cabildo, José Ilincheta, Gobernador de la Isla, solicitó que debía dejarse recaer en sus manos la Presidencia de la Real Audiencia, mandada a trasladar ya a Puerto Príncipe, según la cesión hecha por España a Francia de la porción de aquella isla, como resultado del Tratado de Basilea, de julio de 1795.

Fue de esta manera que el Consejo de Indias, el Fiscal y el Monarca coincidieron con el hecho de que el Capitán General fuese al propio tiempo el Presidente de la Audiencia de la villa de Puerto Príncipe, (3) resultado político incómodo para los criollos lugareños, lo que a la corta acarrearía no pocas manifestaciones de rechazo por inscribirse dentro del proceso de paulatina militarización de la Isla iniciado en el año 1720 con la designación de los Tenientes a Guerra en distintas localidades cubanas.(4) A su vez, constituía un estorbo ante la lucrativa actividad comercial de contrabando.

Cabe suponer que en la decisión de instalación de la Audiencia en Puerto Príncipe mucho hayan tenido que ver las favorables condiciones económicas y regionales en general.

Fue a partir del 31 de julio de 1800 que la cuarta villa cubana quedó convertida en el centro de las decisiones jurídicas, criminales y civiles de la Isla. En lo adelante la administración de justicia dejó de ser atribución de los alcaldes y descargó de esa competencia al Capitán a Guerra y Gobernador así como al Capitán General.(5)

Sus principales funcionarios fueron: el Regente, Luís Chávez de Mendoza; el Oidor Decano, Pedro Catani y los Oidores, Melchor Fonserrada y Andrés Álvarez Calderón y Ramírez. Más tarde a ella se sumarían abogados de meritísimo prestigio profesional como Francisco José e Ignacio Agramonte Sánchez-Pereira, Francisco Iraola Serrano, Francisco Pichardo Márquez y Manuel Usatorres, estos últimos de procedencia dominicana.

Jacobo de la Pezuela y Lobo, una de las voces del integrismo en la Isla, refería acerca de su importancia general que: "(…) La ocurrencia de litigantes e interesados que acudían a activar sus expedientes, dio desde entonces a este pueblo una animación antes desconocida. Su agricultura y su comercio tomaron pronto fomento con los beneficios que en el vecindario difundían las costas que se pagaban y la permanencia de litigantes pudientes que se sucedían unos a otros." (6)

Como se sabe, en varios períodos históricos la Audiencia fue suprimida y vuelta a restituir (7) con motivo del espíritu de rebeldía mostrado por los principeños ante los males del gobierno de la colonia, también por imitar los brotes revolucionarios promovidos tras los cambios liberales en marcha en la península. Sin embargo, aún permanece sin saberse a cabalidad toda la magnitud de la influencia que la Audiencia desempeñó en las mentalidades criollas y en el destino político y cultural de la región principeña.

Tanta importancia cobraría que el capitán general José Gutiérrez de la Concha expresó que Puerto Príncipe había quedado convertida en "Capital de la Isla, en punto a la administración de justicia." (8)

No sólo en materia jurídica hay que ver su importancia, sino por el papel que le correspondió en la difusión de la Ilustración y liberación del pensamiento de la juventud de Puerto Príncipe para que esta se orientase hacia las opciones liberales (9) más modernas, a tono con las condiciones objetivas de la Isla y hacia el independentismo proveniente de Hispanoamérica.

En este sentido merece ponderarse el papel librado por el Oidor Dr. Manuel Lorenzo Vidaurre Encalada (10), quien sostuvo una activa prédica de las ideas bolivarianas y uno de los centros de la conspiración secreta independentista de La Cadena Triangular en Puerto Príncipe, conectada con su homóloga de Rayos y Soles. Vidaurre residiría en la ciudad al amparo de los independentistas y de las familias de la élite ganadera.

Hay que destacar que la Audiencia ayudaría a difundir en buena parte de la ciudadanía las normas del Derecho y a crear un ambiente de respeto a los derechos y libertades del ciudadano.

¿Cuánta influencia desempeñó en el surgimiento del independentismo temprano?

No es ocioso señalar al abogado José Agustín Arango Ramírez, quien compartiría los proyectos políticos cubanos con Simón Bolívar en estas décadas. Tampoco puede olvidarse que buena parte de los criollos que integraban la Audiencia pertenecían a las sociedades de instrucción y recreo, tenían familiares en el Ayuntamiento y estaban conectados a los adelantos de la política y la economía.

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Notas

(1) Archivo Histórico Provincial de Camagüey (en lo adelante AHPC). Fondo Actas Capitulares del Ayuntamiento de Puerto Príncipe. Libro 21, Folio ilegible. Año 1787..

(2) AHPC. Ibídem. Libro 23, Folio 144. Año 1797

(3) Colección de documentos inéditos relativos a la conquista y colonización de la Isla de Cuba. Madrid, 1930. p. 261.

(4) En 1720 el Capitán Francisco Guazo y Calderón dispuso un Capitán a Guerra en la villa así como dos más en los puertos de Vertientes y en La Guanaja para tratar de frenar el comercio ilegal, pero los principeños no se lo permitieron.

(5) La Real Audiencia fue la única existente en la Isla hasta 1838 cuando fue fundada la Pretorial de La Habana, limitando desde entonces su administración hasta Remedios, Sancti Spíritus, Trinidad, Holguín, Manzanillo, Santiago de Cuba y Baracoa. Por la Audiencia provino una gran parte de la influencia jurídica y política recibida por Ignacio Agramonte y Loynaz y la que lo conduciría a erigirse en la principal figura político-militar en la región en la Guerra de los Diez Años.

(6) Jacobo de la Pezuela: Diccionario geográfico, estadístico e histórico de la Isla de Cuba. Imprenta del Establecimiento Mellado. Madrid, 1865-1866. t. IV, p. 308.

(7) AHPC. Audiencia. Fondo 25, Nº. 1.

(8) José Gutiérrez de la Concha: Memorias sobre el estado político, gobierno y administración de la Isla de Cuba. Establecimiento Tipográfico de D. José Trujillo, Madrid, 1853. p. 203.

(9) Acerca del liberalismo, ver: Eduardo Torres-Cuevas: Historia del Pensamiento Cubano. Volumen I. T. 2. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 2006. pp. 4-15.

(10) En 1815 era Oidor Decano de la Audiencia del Cuzco, Perú, pero por sus ideas de independencia fue sometido a vigilancia por el virrey. Fue designado Oidor de la Audiencia según Real Cédula de 16 de septiembre de 1820. ANC. Audiencia de Santiago de Cuba. Legajo 1061, Nº 35 960. El 24 de mayo de 1821 llegó a Puerto Príncipe y prestó juramento dos días después. Conocidos por sus actos políticos fue calumniado, al extremo de llegarse a decir "haber vivido con una mujer casada." ANC. Fondo Asuntos Políticos. Legajo 879, Exp. 29 642, Hoja 47 v

Autor: M.C. José Fernando Crespo Baró, Tomado de www.ohcamaguey.co.cu