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Historia y trascendencia de una joya de la arquitectura doméstica de Camagüey

Edificio que ocupara la sede provincial de CUPET Manifestación: Patrimonio 

A pesar de que la historia aún guarda en secreto la ubicación exacta de la Plaza de Armas de la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, se conoce de la connotación de esta zona gracias a la construcción de la Iglesia Parroquial Mayor en 1616.

No es difícil presumir que, tanto la iglesia como las viviendas aledañas, no pasaban de ser efímeras construcciones de tabla techadas con guano, desaparecidas más rápidamente por la acción del fuego que por el enriquecimiento de la villa gracias a la práctica del comercio ilícito, actividad en la que sobresalían los apellidos más encumbrados de la región. No será hasta la primera mitad del siglo XVIII que se conforma el ambiente constructivo que le otorgó singular fisonomía al lugar.

Se desprende de este análisis que la vivienda de la calle Mayor #25 antiguo y actual Cisneros #169, fue primeramente muy similar a la de nuestros aborígenes; luego, en el siglo XVIII, fue una típica casona solariega cuya planta se organizó espacialmente teniendo al patio como el lugar más importante debido a que era la principal entrada de aire y luz donde se realizaba la mayor cantidad de labores domésticas y familiares.

Las más antiguas noticias halladas se remontan al 11 de diciembre de 1789, cuando fue hipotecada la casa #25 de la Calle Mayor, perteneciente al Capitán Don Julián de Miranda, valorada en más de 6000 pesos; se describe "situada en la plaza Mayor que linda con una del presbítero don Francisco de Miranda y con la del Capitán don Armando Gutiérrez",(1) esto permite conocer que desde finales del XVIII, existió en este terreno una casa señorial y que los terrenos a ambos lados estaban igualmente edificados, nótese a escala social quienes eran sus moradores y vecinos.

La casa pasó a engrosar los bienes de don Pedro del Castillo y Betancourt por herencia de su madre doña Luisa Betancourt Miranda en 1870 (2) y, aunque se mantiene dentro del patrimonio de la familia, no fue utilizada como residencia sino que se destinó, desde septiembre de 1877 hasta noviembre de 1878, a taller de costuras a instancias del general Casola y la Presidencia del Corregidor; luego de esa fecha, se decidió que acogiera a la Junta Protectora del Trabajo(3)

Tal comportamiento no fue un hecho aislado, pues el auge del comercio en la época permitió que, una edificación concebida como vivienda, compartiera esa función con otra.

Una vez ocurrida la muerte de don Pedro Castillo, le heredó su hija doña Aurelia María Castillo Castillo, importante poetisa camagüeyana, según testamento fechado el 24 de octubre de 1878.(4) Este hecho la convirtió desde entonces en un hito de obligada referencia cultural.

Aurelia oficializó la herencia paterna el 26 de abril de 1883,(5) pero como ella no dejó descendencia, sus derechos hereditarios los legó a sus sobrinos. De la partición resultante, la inscripción se puso a nombre de doña Mariana Betancourt y Castillo. A partir de 1892, doña Francisca (Pancha) Aróstegui y Betancourt inició los trámites que la convirtieron legalmente en la propietaria de la casa el 8 de febrero de 1895.(6)

En este año tiene por vecinos a la derecha en el #27 a los herederos de doña Carmen Recio y a la izquierda, en el #23, a doña Macedonia y Socarrás; por el fondo sale con un zaguán a la calle de Alfonso XII, actualmente calle Cristo. Su extensión superficial es de 832 metros, 14 decímetros y 14 centímetros.(7)

Al morir doña Pancha, se cumplió su voluntad expresada bajo testamento fechado en el año 1927(8), donde nombró como sus legítimas herederas a sus sobrinas Emilia y María Josefa Ojeda Varona. Pocos años después, Emilia murió por lo que su hermana María Josefa se convirtió en su heredera según la cláusula del testamento de la Aróstegui en caso de que Emilia no tuviera descendencia. Así, la casa fue reclamada por Ramón Rovirosa Guerrero, segundo albacea nombrado por doña Pancha, y por su esposa doña Pepa en 1929.(9)

Por entrevista a Beba Rovirosa, descendiente del antiguo dueño, se corroboró que en el siglo XX María Pepa Ojeda la heredó de doña Pancha Aróstegui; mientras que en el Directorio Social de 1949, aparece ocupada por el matrimonio compuesto por el hacendado ganadero Ramón Rovirosa y dicha María Pepa Ojeda, junto a sus hijos.(10) En el de 1960, Rovirosa aparece como propietario y ganadero en la misma dirección.

Igual que los anillos de un árbol permiten conocer la edad y los factores externos que han incidido en su desarrollo, conocer quiénes ocuparon determinado inmueble y cómo se relacionaron con él, nos permite valorar la vivienda en su doble función de envoltura externa donde tiene lugar la vida cotidiana y de contenedor espiritual y estético del hombre en una sociedad determinada.

No cabe duda que dentro de la arquitectura doméstica del centro histórico de la ciudad de Camagüey, se destaca esta casa de gran impacto visual debido a su estilo ecléctico con influencia art nouveau,(11) al portar elementos en fachada tales como: almohadillado del muro, empleo de pilastras a lo largo de la fachada, puerta y ventanas enmarcadas en arco de medio punto con lucetas, puerta de tablero de dos hojas con elementos decorativos de gran riqueza imaginativa, las ventanas incluyen persianería y el uso del cristal de opalina muy bien protegidas por las rejas de hierro que presentan una complicada filigrana de líneas curvas y elementos florales, sin dejar por ello de ofrecer la seguridad indispensable al abolengo de sus propietarios. Rematando el conjunto se aprecia una balaustrada lumínica y copones.

El interior se distingue por habitaciones espaciosas y patio con galerías en cuyo centro quedan huellas de una fuente de mármol con surtidor y cuatro canteros que aluden al espíritu del neoclásico. Por fotografía tomada entre 1930 y 1940, comprobamos la existencia de la persianería actual. La carpintería, en sala y saleta, conserva bellotería típica del estilo ecléctico mientras que el toque refinado, lo ofrece la tradicional cenefa de motivos florales.

Existen además otras pinturas murales que adornan varias de las estancias, pero se trata de composiciones mayores. Un acercamiento más detallado, permite apreciar el carácter familiar que tuvo lugar entre estas paredes donde armonizan el confort con la delicada belleza de los detalles.

En la gran sala, se conserva el piso de mármol blanco, símbolo desde su aparición en la arquitectura decimonónica de la opulencia alcanzada por los criollos mientras que las columnas, a pesar de su notable deterioro, permiten observar la técnica de la escayola; complementando el conjunto, el delicado diseño de la cenefa elegido para las paredes completa el toque decorativo de la estancia.

Al igual que en la fachada, las rejas de hierro de las ventanas interiores, se distinguen por el diseño de un atractivo tan singular, que la línea parece música cuando la mirada "resbala" por las flores, las curvas o las espirales aunque sin dejar de ofrecer la protección que de ellas se requiere como función principal. Valioso resultó el testimonio de Antonio Pons, uno de los catalanes que residiera en Camagüey, al afirmar que las rejas fueron elaboradas en España.(12)

Uno de los más grandes beneficios que recibió la ciudad con el advenimiento del siglo XX desde el punto de vista higiénico-sanitario, resultó la construcción del alcantarillado. Como consecuencia, se rellenan y eliminan paulatinamente las letrinas ubicadas siempre al final del patio en el lugar "excusado" de la casa, expresión de la que adquirieron el nombre.

Más allá de lo funcional y, acorde con la posición de su dueño, fueron creados dos espaciosos cuartos de baño donde, muy atrevidas dado el espacio que cubren, resultan las pinturas murales donde se conjugan el paisaje con aves y la figura humana en un ambiente bucólico que se acentúa con el empleo de tonos pasteles donde predominan el rosa, el azul y el verde; la firma corresponde al decorador Joaquín Miranda Sagol.

A partir del siglo XVIII surgió en la arquitectura doméstica el salón principal como marco selecto para las tertulias y otras reuniones sociales mientras que el comedor ocupó un área más modesta, sin embargo, con la llegada del siglo XX, se plantea una nueva concepción espacial con el entronizamiento de este último que, más allá de las necesidades de una numerosa familia, resulta magnífico para cenas de negocios.

Se accede a esta pieza ubicada al fondo del patio a través de un gran arco con cristal esmerilado donde se aprecian, al centro, el año 1930 y, a cada lado, las iniciales de los esposos Robirosa-Ojeda; cerrando los extremos, un delicado ramo de flores. La pared anterior combinó el uso del muro y el cristal translúcido para ofrecer ligereza y moderada iluminación al interior, mientras que la puerta se jerarquizó con el uso de pilastras.

En el interior de la pieza, se aprecia la sobresaliente utilización del yeso para crear cuatro grandes cuadros con rosetones en los que, en tiempos de la familia, existían igual número de lámparas; el rosetón central es más grande en correspondencia con el tamaño de la lámpara principal.

Una vez más, las paredes fueron beneficiadas por la presencia de pinturas murales que responden al encargo de una de las familias más acaudaladas de la ciudad, por tanto, la vivienda ha de ofrecerles las comodidades y el lujo propio de su status social.

En la parte superior de las paredes, se creó un friso con representaciones de elementos constructivos y figuras geométricas a manera de paneles gracias al uso de una línea efectivista, así, cada paisaje se independizó del fondo. Dentro de cada uno de ellos, se representaron el paisaje rural y también algunas marinas sobre la gama de los colores fríos, para lograr una sensación de reposo y frescor con una marcada aproximación al romanticismo presente en nuestros principales paisajistas.

Se empleó una guirnalda de flores de la que pende un ramo de uvas ejecutada con la finura de una filigrana para unir un panel con otro y que recuerda algunos techos del Palacio de Aldama de carácter netamente pompeyano.

En el lateral izquierdo y en perfecto estado, está la alacena de maderas preciosas con una sobria decoración floral en la parte superior de las hojas de las puertas que son de cristal para dejar ver las piezas de vajilla y cristal en su interior. Este exponente de carpintería, además de utilitario, se convierte por sí mismo en un punto de atracción que mantiene la armonía decorativa en toda la pieza dado el buen gusto que se respira dentro de la misma.

Novedoso es el uso del revestimiento cerámico procedente de Inglaterra de la marca H & R Jonson Ltd. que, pegados con mortero de cal y arena(13) a lo ancho de sus cuatro paredes, le otorgan un completo acabado.

A continuación del comedor y a la altura del servicio esperado, se encuentra la amplia cocina con su meseta de mármol y el fregadero y, fuera de ella en un lugar ventilado, el horno para los asados y, tal vez, el pan y los dulces elaborados en la propia casa para satisfacer el paladar de los dueños e identificar la exclusividad de las recetas de la casa en las reuniones de la alta sociedad.

Llama la atención que, aún cuando se encuentra en una parte reservada para la servidumbre, fue diseñado de forma tal que no constituya una nota discordante dentro de la misma; recubierto con azulejos blancos, su frente termina en forma de frontón cuyo borde se resalta con una cenefa, también de azulejos, mientras que el techo es en forma de cúpula.

Desde el siglo XIX, contó con un acceso por la que fuera calle Alfonso XII, mientras que actualmente, se identifica por esta zona lateral el nombre de su constructor, Miguel Perullas Grifolls quien, con su presencia, se convierte en una prueba inequívoca del quehacer de los constructores catalanes en Camagüey. La decoración por esta entrada secundaria porta, igualmente, elementos propios del estilo ecléctico.

Posee un amplio espacio que aún se sigue empleando como garaje y, aunque es una entrada secundaria, emplea las mismas rejas profusamente decoradas. La escalera de mármol conduce a la planta alta de amplias habitaciones donde la terraza con balaustrada lumínica ofrece una bella panorámica de esta parte de la ciudad.

Esta casa es un convincente ejemplo de la ruptura entre la Isla y la Metrópoli y sus formas atrasadas pues, si la #25 de la calle Mayor respondió a la tipología de la casa de patio tradicional propia, en el caso que nos ocupa, de una familia de abolengo en el marco de la Plaza de Armas, devenida en parque posteriormente en medio de una sociedad esclavista, quedó sepultada por la actual Cisneros #169, quizás cuando vino a ocuparla el hacendado y ganadero Rovirosa, deseoso de destacarse a nivel urbano con el uso de un nuevo lenguaje constructivo propio de la vida republicana cuyo destino pendía de la avidez capitalista de los Estados Unidos.

La nueva clase en el poder, fomentó la aparición de una arquitectura que se apartó del lenguaje neoclásico presente en nuestro país desde el siglo XIX para introducir el eclecticismo como su expresión formal, tanto en el sector público como en el privado.

Incidieron de forma decisiva en el desarrollo de las artes, entre otros factores, la industria azucarera, que ocupó la mayor atención como primer renglón económico, siendo objeto de la inversión directa del capital privado y la importación de tecnología avanzada procedente del norte; como muestra de ello en las antiguas provincias orientales apareció el latifundio azucarero.

También se observa, de forma general, el progreso de las comunicaciones, tanto por carretera como por vía férrea, financiadas muchas de estas obras por capital extranjero.

Tanto el incremento de la producción azucarera, además de la explotación de la ganadería en esta zona, más la introducción de nuevas técnicas y materiales desde los Estados Unidos, propiciaron un "cambio cualitativo en la arquitectura cubana de las primeras décadas republicanas". Súmase a esto la presencia de importantes empresas constructoras norteamericanas y la apertura de la Escuela de Ingenieros y Arquitectos en 1900, donde se formarán, en lo adelante, nuestros profesionales. (14)

Lo cierto es que la casa introdujo en el contexto urbano un nuevo código arquitectónico en cuanto al tema de la vivienda, sin soslayar las concepciones de un nuevo período histórico y su reflejo en la sociedad.

La década del `70 trajo cambios a la residencia de los Rovirosa; en este caso, se cambió el uso de casa de vivienda por el de oficinas, para ello se creó una gran cantidad de locales logrados a partir de la construcción de tabiques, falsos techos y muros de cemento.

Actualmente, este inmueble es propiedad de la Oficina del Historiador, que ya trabaja en el proyecto con vistas al consiguiente rescate de sus valores, que serán puestos en función del visitante local y foráneo a partir de una explotación que la haga rentable. (15)

Recuperarla como la obra de arte que es, posibilitará establecer contacto con una parte de la historia camagüeyana.

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Notas

1. Archivo Histórico Provincial de Camagüey; Anotaduría de Hipotecas, Libro 5, folio 284-285.

2. AHPC; Protocolo Notarial Juan Ronquillo 22 de agosto de 1870 sin foliar.

3. Tamames Henderson: op. cit., p.108.

4. AHPC; Protocolos Notariales, Juan Ronquillo, 24 de octubre de 1878, folio 1317.

5. Ibíden; 26 de abril de 1883.

6. AHPC; Protocolo Notarial Juan Bautista Herrera, 8 de febrero de 1895, folio 193

7. Registro de la Propiedad, tomo 62, folio 166 #3019.

8. AHPC; Protocolo Notarial Aurelio Izquierdo Michel, 14 de noviembre de 1927.

9. AHPC; Protocolo Notarial Julio Hortsman Varona, 13 de diciembre de 1929, folio 2160.

10. Directorio Social de Camagüey. Mario S. Silva Hopis y El Camagüeyano, Compañía Comercial, S.A., 1949, p. 315.

11. Según Stephan Tschudi Madsen, este estilo se caracterizó por "la línea ondulada y asimétrica que, cual un látigo, se resuelven un movimiento cargado de energía", apreciable en los elementos decorativos de Cisneros 169.

12. Tesis de Doctorado de la arquitecta Vivian Más Sarabia, 2000.

13. Cortesía de la arquitecta Yaxelis González Carmenates de la Dirección de Proyectos de la OHCC.

14. Roberto Segre, Eliana Cárdenas y Lohania Aruca: Historia de la Arquitectura y el Urbanismo: América Latina y Cuba, pp. 172-174, Editorial Pueblo y Educación, Ciudad Habana, 1986, 2ª edición.

15. Luego de la restauración del inmueble, la Oficina del Historiador ha previsto ubicar allí el Centro de Antropología Cultural, cuya misión consistirá en estudiar y mostrar las huellas de los diferentes grupos étnicos arraigados en Camagüey. (Nota del editor).

TAutor: Lilian Aróstegui Aróstegui, Tomado de www.ohcamaguey.co.cu