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Camagüey: Patrimonio Cultural de la Humanidad

Centro Provincial de Patrimonio Cultural Manifestación: Patrimonio 

La ciudad de Camagüey puede contarle su historia a cada paso, a través de sus propios habitantes, de sus callejuelas, plazas, iglesias...de todo su patrimonio. No hacen falta muchas palabras.

El sólo hecho del encuentro, ya comenzará un relato que tiene sus orígenes en el lejano siglo XVI, cuando la Villa Principeña era sólo un proyecto.

Una parte importante del Centro Histórico de la añosa localidad, incorporada como Patrimonio Cultural de la Humanidad, está avalada ante la UNESCO por un expediente técnico compilador de varios documentos, piedras angulares que sustentan las condiciones del patrimonio a distinguir.

La zona, ascendente a 54 hectáreas, incluye 2843 inmuebles donde habitan 8180 personas. Precisamente esa parte antigua, la más importante, incluye las plazas que marcaron su origen: La de San Juan de Dios, del Carmen, de los Trabajadores y de la Soledad. En su conjunto, la superficie posee 12 plazuelas y plazas, y seis Iglesias.

A pie por Camagüey

Si usted visita a Camagüey, puede decidirse a la hora de seleccionar hospedaje por el Gran Hotel que en tiempos de su construcción, a principios del pasado siglo XX, era el edificio mas elevado de la muy antigua villa de Santa María del Puerto del Príncipe, fundada en el año 1514.

Situado en la populosa calle de Maceo, entre General Gómez e Ignacio Agramonte, tiene el gran privilegio de estar muy cerca de los tesoros arquitectónicos y patrimoniales más queridos por los lugareños, de los cuales quizás usted podría tener conocimiento y desearía conocer de cerca. Entre ellos, en primer orden, la Plaza de San Juan de Dios, ejemplo de sobria belleza e historia atesorada.

Acompañado por un mapa o - la opción más probable- por la amable indicación de cualquier camagüeyano, bajará por la propia calle de Maceo hasta desembocar en la plaza del mismo nombre. Continuará entonces por Independencia y llegará al hermoso parque Ignacio Agramonte, donde quizás se siente en uno de sus confortables bancos para - después- continuar camino Cisneros abajo, hasta la calle del Ángel, que lo conducirá hasta una de las entradas de acceso a la Plaza de San Juan de Dios, Monumento Nacional.

Desde el corazón principeño

No le será difícil buscar información. Todos los residentes y trabajadores de unidades y servicios cercano, conocen que ese sitio es venerado puesto que - entre tantos pasajes significativos en su devenir - se encuentra el hecho de que en uno de los pasillos del hospital aledaño, fue expuesto el cadáver del indómito Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, herido mortalmente el 11 de Mayo de 1873, cuando combatía en los Potreros de Jimaguayú a los colonialistas españoles.

Una vez allí,  podrá reconocer el adoquinado sitio, que conserva con homogeneidad en su entorno, los elementos más representativos de la arquitectura colonial del siglo XVIII, ya que su surgimiento se remonta hacia el año 1728.

La extensa área está limitada por la antigua Iglesia de San Juan de Dios, bella por su sobriedad y armonía, allí es significativa la presencia en el Altar Mayor de la imagen de la Santísima Trinidad, en madera preciosa, obra que data de 1792, con representación antropomórfica del Espíritu Santo, una de las dos que existen en Hispanoamérica. Al lado, el antiguo Hospital del mismo nombre - actual Dirección Provincial de Patrimonio- también ocupa todo un lado del extenso cuadrilátero que constituye la plaza.

Esa planicie, enmarcada por vetustas construcciones y carente de arboledas para mitigar los rayos del sol, está situada muy cerca de las márgenes del río Hatibonico, un perímetro ocupado en la época de su surgimiento por una población de escasos recursos económicos.

Este recorrido por la legendaria comarca de pastores y sombreros, como la calificó el Poeta Nacional Nicolás Guillén, Hijo Distinguido de ella, le permitirá incorporar a su universo intelectual y perceptivo, un segmento donde la contemporaneidad respira y se alimenta constantemente de un pasado que renuncia a ser obviado, que se respeta y preserva para las futuras generaciones.

Autor: Yolanda Ferrera Sosa / Radio Cadena Agramonte