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Viaje a nosotros mismos

Yoandra Santana

A Yoandra Santana Perdomo le debíamos este espacio, después de sus 66 días venezolanos. Salió de Cuba en mayo pasado y cuando regresó, casi sin descansar, tomó las riendas de la Cruzada Literaria. La vimos con un sinfín de anécdotas y empeños, en los sitios donde la lectura reúne y hermana.

"A los artistas les hace falta la recurrencia del viaje para ver un paisaje diferente y gente distinta, incluso en el panorama nacional. Viajar con intención es muy especial y eso hice a Venezuela, para trabajar en un proyecto del Plan revolucionario de la lectura y en talleres de promoción.

"También en nuestro país hay que trabajar mucho más para que las personas miren la literatura como opción de vida, de recreo y de pensamiento. Lo necesita el que está ajeno al libro y el que lo hace, el que lo vende y el que quiere ser escritor. La Feria a veces parece una pasarela aunque haya un público lector que vaya y compre de verdad".

Apenas tuve que preguntarle, pues hablaba desde la emoción.

"Hemos sido un poco torpes en el modo de acercar al libro con conversatorios que en ocasiones no tratan temas polémicos o no incorporan nada nuevo. Hay que conversar de una manera dinámica, comprensible. A veces nos creemos los del gran tono, sin pensar que el ‘bajo tono’ resulta interesantísimo en el universo intelectual de una persona.

"No puedes estar en esa pose porque el oficio del escritor es poco remunerado y marginado. Debes verte como el que hace la cola, se monta en un camión, que tienes cosas que te marcan y algo que te salva: puedes trasladar el mundo espiritual hacia el otro. Que ambos se comuniquen es la esencia de un creador".

Conversábamos en el Café Literario La Comarca, y su voz calmaba el lugar a pesar del bullicio.

"La visión del viajero es encontrar algo de sorpresa y eso me pasó: gente que me amó mucho y que no olvidaré. Estuve en cinco estados de la parte suroriental.

"En Caracas proyectamos una metodología al Plan revolucionario de la lectura y en los otros hice talleres de promoción. Estuve en Anzoátegui, donde visité Barcelona y El Tigre; en Monagas fui a Maturín y a El Temblador; en Delta Amacuro, a Tucupita; en Bolívar, a Puerto Ordaz y a Upata, una ciudad muy colonial que me recordaba mucho a Camagüey. Tienen buena tecnología y muchos recursos, pero no los emplean como debe ser".

A Venezuela llevó la Isla en peso.

"Uno regresa más patriota y con muchos deseos de trabajar. Vienes descreyéndote cosas y empezando desde cero. Cuando uno viaja se exilia, no está. Por eso en cuanto vine al Café Literario, encontré a uno con una guitarra, al otro pintando o leyendo, siendo artista o participando de ese proceso. Me dije: estoy en Cuba. Nuestro país es muy grande.

"Llegué a hacer la Cruzada Literaria, una cruzada de mucha gente, que promueve a los autores y se dedica a Fidel, aunque quizás él no lo sepa. El evento trabaja en los campos y moviliza al escritor como un ejército que viene a defender ideas, ánimos, pasiones y preocupaciones de todos".

Por esa vocación de humildad trabaja para que tengamos opciones artísticas.

"Me ofrecieron el empleo de subdirectora técnico-artística en la Casa de Cultura Joaquín de Agüero, algo mágico y nuevamente importante para mí por lo que hacen un promotor y el instructor de arte en la escuela o en las prisiones, en las comunidades rurales o en repartos que algunos llaman peligrosos.

"Tengo mucho trabajo, pero no puedo dejar de leer. Es una de mis pocas rutinas. Debo acabar dos piezas teatrales, un libro de narrativa que se llama El cerrojo de Dios, una noveleta para adolescentes y dedicarme a ese cuaderno para dejarle el miedo que le tengo a la poesía. Me gusta detener el libro y saber el tiempo que necesita. Yo no soy una escritora. Soy hacedora de libros, alguien que quiere hacer un libro que sea útil".

Su elocuencia trocó este diálogo viajante en una pausa necesaria para la escritura de mañana.

"Hay que pensar en la literatura anterior, muy buena, de este país y de Camagüey. Es momento de vernos, besarnos y abrazarnos. El viaje primero es para adentro, el de repensarse y quedarse, el de mirar al vecino y viajar en su mundo. Ojalá nuestra cultura siga dando qué pensar, que realicemos proyectos juiciosos y coherentes, que los eventos estén bien hechos y les gusten a la gente. Por eso deseo mucha salud para todos, y para el que no ha pensado en la salud, que se cuide. El primer beso se los mando yo".

Autor: Yanetsy León González

Fuente: Adelante Digital

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