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Se incluyó en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad La ciudad de las iglesias de Camagüey

Vista de la ciudad de Camagüey

Considerar que una ciudad pueda estar integrada por un conjunto de ciudades pudiera parecer absoluta retórica, un absurdo o simple parodia de una realidad, mas lo cierto es que dentro de toda urbe conviven áreas y espacios cuya expresión revelan con nitidez momentos o etapas de la vida de sus habitantes y en suma el crecimiento o expansión del área total urbanizada.

Para quienes se han aproximado a la historia de Camagüey con el ansia de aprehenderla en su totalidad, de reconocer cuanto de extraña y auténtica tiene en relación con otros centros urbanos, resulta transparente que en ella coexisten múltiples ciudades; cada una de las cuales no solo está claramente definida por bordes o límites físicos sino que, aunque de mayor sutileza y sustancia cultural, cada espacio deviene fruto de un modo de pensar y entender el universo circundante en correspondencia a los diferentes tiempos históricos que, desde 1514 pesan sobre ella, amen a que no halla sido hasta 1528 que quedase enclavada entre los ríos Tínima y Hatibonico. Existen, por ejemplo, tres grandes áreas o ciudades: la ciudad total, el Centro Histórico —declarado patrimonio nacional en 1978— y el núcleo primigenio.

¿Qué área y qué razones han hecho que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en su trigésima segunda reunión, celebrada en Canadá recientemente, declare a La ciudad de las iglesias de Camagüey como patrimonio de la Humanidad? La respuesta la ofrece la obra misma. Basta andar por su laberíntica traza urbana, de eje en eje, de espacio en espacio o, si elevamos el rostro, de torre en torre; para admitir que se trata de una subyugadora imagen. Enigmática, en tanto no se olvidará fácilmente o tal vez nunca, y no porque se muestre monumentalmente bella al estilo de la Habana Vieja o la dormida Trinidad de Cuba; y mucho menos porque pretenda aproximarse a la neoclásica Cienfuegos.

Esta es sin dudas una ciudad diferente, pero solo porque exclusivas fueron las coordenadas que acompañaron a sus hijos a lo largo del tiempo, hombres y mujeres que heredaron una hidalguía tan indiscutible que apenas requirió de blasones y escudos nobiliarios que le legitimaran; un cristianismo de tan enraizada fe que sin proponérselo terminaron, generación tras generación, por legar al mundo, más allá de un sistema arquitectónico homogéneo en lo doméstico, lo civil, lo administrativo y lo religioso, una configuración de un conjunto de templos capaces para sostener, incluso ante la Ilustración, el mundo cosmogónico que rigió sus vidas hasta bien entrado el siglo xix. La ciudad del xviii con extensión a zonas del xix, es la evidencia de una vida que no tiene sentido sin ser bautizado, confirmado, matrimoniado y sepultado en el templo parroquial; es la huella de un tiempo en que no se consideraron calles reales sino las que servían de comunicación entre sus iglesias —generalmente por las puertas secundarias—.

La ciudad de la que se habla es la almendra inicial, aquella delimitada por los templos católicos de La Soledad, La Merced, La Catedral, San Juan de Dios y Sagrado Corazón de Jesús, área que no ha podido excluir la resonancia de esa experiencia cultural única de nacer o vivir en Santa María del Puerto del Príncipe y; por ello, ha terminado por abrazar a Nuestra Señora del Carmen con el aledaño Convento de las Ursulinas. Esta es una zona que no ha dejado de latir durante casi cinco siglos y por ello sobre su sólida base, se ha enriquecido desde la modernidad, mas sin perder la patina del tiempo. Pobladores y espacios urbanos arquitectónicos siguen subrayando la camagüeyanidad atesorada en plazas, plazuelas y parques; en cada esquina, en cada palabra, y hasta en el modo de asumir lo foráneo.

Esta es la filosofía que pese a la "modernidad" se respira en el área del Centro Histórico declarada Patrimonio de la Humanidad. Sin dudas una zona de incalculable valor acaba de ser inscripto dentro del testimonio de la cultura universal, un área que desborda el tiempo para ratificar una condición cultural de alcance mayor en La ciudad de las iglesias, corroborarlo puede ser posible en cualquier instante del año, pero preferiblemente en Semana Santa, festividad durante la cual el Santo Sepulcro, gigantesca pieza de la orfebrería dieciochesca, recorre, a la usanza del xviii, algunas de sus calles.

Sin ese emporio de iglesias y plazas que marcan la imagen del Camagüey el testimonio cultural sería muy diferente y por tanto valga el reconocimiento del bien patrimonial como homenaje a los que en ella se dieron cita a lo largo de estos largos años; a su resistencia y capacidad para dialogar con su tiempo debemos esta joya del patrimonio cultural. Conservarle en su extensa pluralidad será un reto de por siempre.

Autor: Marcos A. Tamames Henderson

Fuente: Centro Provincial de Patrimonio Cultural de Camagüey

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