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Payasos: más que risas

Cebollita y Florecita

Siempre que un payaso actúa, los niños esperan reír; sin embargo, terminan haciendo mucho más. Y es que la vid cómica propia de estos personajes resulta, casi siempre, una invitación a la reflexión.

Es por eso que el trabajo de clown, minimizado a veces, puede llegar a ser uno de los más complejos en el ámbito artístico, sobre todo cuando se hace con verdadera responsabilidad y compromiso profesional, y cuando esas actitudes se llevan con o sin disfraz.

La responsabilidad del artista con la instrucción y la educación de los pequeños comienza desde que se gesta el secreto de la metamorfosis.

Fumar, tomar bebidas alcohólicas, hablar de manera inadecuada, o ser partícipes de cualquier otra acción criticable, no debe ser entonces una práctica habitual, ni casual, en quienes son recibidos por los niños sin coraza alguna, dada la perspicacia con que llegan y se cuelan en su día a día.

Del mismo modo en que ver cómo se construye con maquillajes y vestuarios la historia que implica la apariencia de estas criaturas, puede  destruir las ilusiones de un público que no los imagina tras sus anchas ropas; cualquier comportamiento negativo, en el mejor de los casos, acabará con las ilusiones de los niños y, en el peor, los hará cuestionarse si lo que le vieron hacer está bien o mal, e incluso pretender imitarlos.

Es así que el trabajo de clown no es un simple interruptor para activar risas, como tampoco debe serlo para un humorista que se respete y respete a su audiencia.

Educar, cuestionar, polemizar desde el conocimiento, forma parte de las funciones del arte y, por tanto, del artista. De tal modo, esos son también los propósitos de un payaso: enseñar mientras hace reír, porque la alegría se convierte en un aliado para el aprendizaje, particularmente en un público tan sensible como el infantil.

Los payasos, como todos los artistas, necesitan almas grandes, y plena conciencia de su rol social. Si tienen la posibilidad de dejar un mensaje en su público, pues que sea entonces una huella positiva, para que siempre que irrumpan, risueños y contagiosos en las vidas de los niños, los hagan reír y aprender con la misma sutileza.

Eso es precisamente lo que hacen Cebollita y Florecita, ese dúo de payasos tan popular en Camagüey, nacido el 2 de febrero de 2003, como parte del proyecto Corazón Adentro. De ellos, te contamos en el siguiente radio-documental.

Autor: Dania Díaz Socarrás

Fuente: Radio Cadena Agramonte

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