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Majestuosa casona: Herencia y diálogo cultural de Camagüey

Casa de la Diversidad Cultural Camagüeyana

A un costado de la antigua Plaza Mayor, hoy Parque Agramonte, pervive una majestuosa casona modelo estético en el devenir histórico del viejo Camagüey e instituida contemporáneamente como perenne diálogo con su pluralidad cultural.

Con el número 169 en la calle Cisneros, la edificación resalta en el núcleo fundacional de la ciudad -hace 498 años- por sus valores arquitectónicos y artísticos derivados del estilo constructivo ecléctico con marcada influencia art nouveau, introducido en la Isla en el siglo XX, con la instauración de la República.

En conjunto, la obra impacta visualmente por la elegancia y belleza de su composición, en la que sobresalen elementos decorativos de alto valor artístico como las pinturas murales renacentistas en espacios de su interior, las cuales reflejan diferentes escenas de paisajes campestres o marinos en distintas tonalidades y colores.

Las extensas pinturas en los muros de los baños, según reseñas, fueron realizadas por Joaquín Miranda Sagol, mediante la técnica de seco al óleo.

Rejas de hierro, con complicado adorno de líneas curvas y elementos florales, hechas en España y apreciables desde la fachada del inmueble; la técnica de escayola usada en muros; el revestimiento cerámico, sobre todo en la cocina; la carpintería de vidriera y pisos de mármol blanco, entre otros muchos componentes, contrastan en la opulencia de la vivienda ecléctica camagüeyana.

Se considera además un patrón irrefutable de las huellas dejadas en el entorno urbano por la faena de los constructores catalanes presentes en la otrora villa de Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey, en el oriente cubano.

La imagen actual de la casa fue conformada a principios del XX por el maestro de obra catalán Miguel Perullas Grifolls a solicitud del entonces propietario, el acaudalado ganadero Ramón Rovirosa Guerrero, quien se destacó en el horizonte urbano con el empleo del nuevo lenguaje constructivo que dejó atrás el estilo neoclásico.

Desde el siglo XVII existía en el lugar una amplía casona patrimonio de don Pedro del Castillo y Betancourt, la cual fue heredada, al entrante siglo, por su hija la poetisa camagüeyana Aurelia Castillo, hecho que la vinculó directamente a la cultura de la ciudad.

Rovirosa fue el último de la lista de beneficiarios (sobrinos) de la familia que habitó la lujosa vivienda, posteriormente utilizada como oficinas y, desde diciembre del pasado 2010, sede de la Casa de la Diversidad Cultural Camagüeyana, tras una compleja restauración a cargo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey (OHCC).

En el gran arco con cristal esmerilado a través del cual se accede al comedor, devenido magnífico lugar para cenas de negocios en aquella época (al fondo del patio), puede apreciarse aún , al centro, el año 1930 y, a cada lado, las iniciales de los esposos Rovirosa-Ojeda; cerrado en los extremos por un delicado ramo de flores.

Vale destacar que la reparación o restitución de los diversos elementos arquitectónicos y decorativos de la emblemática mansión camagüeyana creada por Perullas, obviamente mellada por el paso de los siglos, fue asumida por la Oficina con características similares a los originales y respetando la tipología estructural del inmueble.

Se emplearon así materiales (cal, yeso, cera) y múltiples técnicas tradicionales de construcción, una característica del proceso que le ha valido a la obra varios reconocimientos, pensada además desde el proyecto de restauración para su nueva función sociocultural.

Fueron respetadas técnicas ancestrales como los muros mampuestos, tapial y de ladrillo con morteros a base de tercio, la de cosido de grietas y la de masilla a base de cal y yeso de fraguado lento, sin la utilización de cemento, según explicó la arquitecta Yaxely González.

En el 2011 obtuvo los premios Nacional de Restauración, del Ministerio de Cultura, a la obra del Comité Internacional de Monumentos y Sitios Históricos (ICOMOS) en Cuba y el de la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción (UNAIC).

Asimismo resultó Premio en el Salón de la Arquitectura Cubana y recibió la Medalla de Oro, que otorga la Asociación de Arquitectos de Cuba.

No es casual, por tanto, la compatibilidad de la reparación ejecutada, con el nuevo uso de la vivienda colonial, la cual encarna una misión favorecedora del enriquecimiento espiritual y el progreso cultural de la ciudad que en el 2014 cumplirá 500 años de fundada.

Llamada Casa de la Diversidad Cultural por sugerencia del escritor cubano Miguel Barnet durante una visita a Camagüey, poco antes de inaugurarse, la institución se ha afianzado como prototipo de los valores materiales y espirituales más auténticos de la patrimonial villa y sus gentes, quienes viven en ella tan arraigadas a sus tradiciones y creencias.

Desde su rica proyección arquitectónica, ambiental e histórica -apuntó la directora Daimí Luis Varela-, la Casa promueve el conocimiento de la pluralidad multicultural de Camagüey como expresión de su identidad, en la que confluyen ricas y múltiples herencias culturales hispánica, africana, europea, asiática y caribeña.

Para la labor, dijo, se apoya fundamentalmente en las propias investigaciones, aunadas a otros estudios de instituciones culturales y educativas, exposiciones permanentes y transitorias, y al diálogo con las diferentes comunidades, sociedades y grupos gestores de las diversas expresiones culturales presentes.

En mayo, la Casa celebrará la segunda Jornada de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, dedicada esta vez a resaltar el legado cultural de los cabildos congos en Camagüey, portadores primeros en los barrios de fiestas tradicionales, creencias religiosas, bailes, música, arte culinario y oficios africanos.

Resumirá así otro importante momento en la urbe y la Isla para ofrendar el decenio de la afrodescendencia, postulado mundialmente por la UNESCO desde el 2011 hasta el 2019.

A principios de año efectuó igualmente el Primer Encuentro Teórico José Antonio Aponte In Memoriam, resultado de la labor conjunta con el proyecto Por la Ruta del Esclavo en el territorio.

Desde sus servicios de inclusión e intercambio sociocultural, la nueva Casa de la Diversidad Cultural Camagüeyana -muy lejos de las pomposas cenas de negocios en sus salones- tributa ahora al conocimiento, reconocimiento y conservación de las culturas tercermundistas, un reto de la era global.


Autor: Mabel Guerra García

Fuente: Prensa Latina

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