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Camagüey dibujó esencias del hijo de Martí

Martí, Carmen Zayas-Bazán y su hijo, foto: 5septiembre.cu

El 22 de noviembre de 1878, nació en La Habana José Francisco Martí Zayas-Bazán. Desde muy pequeño viajó a la otrora Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, a vivir con su mamá Carmen en una regia vivienda, enclavada en la calle San Francisco No. 9, hoy Antonio Luaces No. 109.

Durante la niñez y la adolescencia dibujó una conducta que solidificó después con el pensamiento patriótico de su padre, con quien tuvo una identificación plena, como señalara el Doctor Eusebio Leal en una entrevista publicada en Adelante en el 2013.

El Historiador de La Habana dijo que la actitud de José Francisco estuvo matizada por la “ausencia de rencores, total afecto y verdadero amor por su progenitor, aunque fue una familia no siempre reunida producto de toda la labor de Martí”.

Nunca traicionó la memoria de su padre. Cuando no había alcanzado la plenitud de la juventud decidió luchar por la independencia de Cuba y vino en una expedición con Carlos Roloff, incorporándose a las tropas de Calixto García. Durante la etapa republicana ocupó diferentes cargos militares, pero siempre conservó fidelidad a sus principios y sentido del deber a su país.

Del primogénito del Apóstol se ha hablado y escrito, pero no lo suficiente para que las nuevas generaciones lo conozcan. De su estancia aquí dejó gratos recuerdos, como los relacionados con su época de estudiante por ser aplicado, impetuoso, con buenas notas, amante del deporte y de travesuras increíbles, más cuando sabemos que el testimonio viene de la pluma de Enrique Loynaz del Castillo en sus Memorias de la Guerra.

El patriota, autor del Himno Invasor, padre de la prestigiosa escritora Dulce María Loynaz, y con quien Carmen autorizó que su hijo fuera a un paseo por la Sierra de Cubitas en 1892, describió en su obra la impetuosidad del muchacho de 14 años, dispuesto a la aventura: “En el profundo lago existente bajo las cuevas se lanzó al agua antes de que yo pudiera evitarlo y no me quedó más remedio que tirarme al agua en su busca”.

Su infancia y adolescencia estuvieron permeadas de alegría y sinsabores. Leer cartas que le envió la progenitora de José Francisco a José Martí ofrecen una visión de la etapa dura de encuentros y desencuentros. El libro Bautismo en la soledad, de la cienfueguera Mirtha Luisa Acevedo y Fonseca, ilustra la realidad de esa triada: Martí, Carmen y el Ismaelillo. En una de las misivas dijo:

“Pepe: A qué hablarte de mi hijo si es un dolor mayor a todos los sufrimientos que me atormentan hasta el cariño que me tiene me hace sufrir; la distinción natural de su espíritu es notabilísima, está sumamente delgado, pero altísimo y se parece cada día más a ti”.
Solo cincuenta y dos espaciados meses de su vida vivió José Francisco junto al padre. El citado texto referencia la asistencia de la triada a la inauguración del puente de Brooklyn el 24 de mayo de 1883: “El padre cargaba a su hijo para que viera los fuegos artificiales. Su amigo Nicanor Bolet alternaba con Martí en llevar a horcajadas al niño sobre sus hombros”, según contaría después su hija, Pilar Bolet de Ponce de León.

Al conmemorarse los 140 años del natalicio de este hombre, que al conocer el 4 de junio de 1895 la muerte del padre, en carta a Gonzalo de Quesada y Aróstegui, escribió: “Soy hijo y todo lo suyo me es sagrado”, abogamos por que la Organización de Pioneros José Martí difunda mucho más su personalidad, y que en los predios de la escuela primaria Renato Guitart, en cuyo lateral se enclava el recinto donde vivió José Francisco, se coloque una tarja que inmortalice a este hombre cargado de hazañas e historias.

—Solicitó al director del Instituto de Segunda Enseñanza su traslado para las Escuelas Pías de Puerto Príncipe, a la hora de cursar el bachillerato.
—En el Archivo Histórico Provincial son conservadas las notas de las diferentes asignaturas.
—Fue torpedero de béisbol en un terreno, ubicado en el interior de la carrilera del antiguo hipódromo en los predios de la actual Plaza de la Revolución Mayor General Ignacio Agramonte.
—Cuando aún no había alcanzado la plenitud de la juventud decidió venir a luchar por la independencia de Cuba y lo hizo en una expedición con Carlos Roloff, incorporándose a las tropas de Calixto García.
—En el Combate de Las Tunas, junto a otros patriotas, se convirtió en artillero y se destacó por tiros certeros que asestaron duro golpe a las tropas enemigas. De este episodio, hay referencias que quedó con padecimientos crónicos en sus tímpanos.
—Durante la etapa republicana ocupó diferentes cargos militares, pero siempre conservó fidelidad a sus principios y sentido del deber a su país, con independencia de ciertos detractores que quisieron manchar su imagen.
—Se le nombró Secretario de Guerra y Marina el 28 de Julio de 1917.
—Fallece el 22 de octubre de 1945.
—La casa donde residió en Calzada esquina a cuatro, en el municipio capitalino de Plaza de la Revolución por decisión de su esposa, que tiempo después falleció, fue donada a la Revolución y es donde radica el Centro de Estudios Martianos.

Autor: Enrique Atiénzar Rivero

Fuente: Adelante Digital

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